viernes, 21 de octubre de 2011

Runrunes Diploos: ¿Por qué Gadafi no fue juzgado?


Las violentas imágenes de los últimos minutos de vida de quien fuese el hombre fuerte de Libia, y modelo de totalitarismo tercermundista por más de cuatro décadas, han hecho volver a nuestra memoria las históricas imágenes de la caída de Mussolini en Italia y de Ceausescu en Rumania. Ayer, jueves 20 de octubre, todo parecía pasional, una ejecución basada en el más visceral odio que se manifestó con saña contra quien tantas veces, y durante tanto tiempo, tiranizó a su población. Pero ya Clausewitz nos advertía acerca del riesgo de asociar a los pueblos no europeos con el sentimiento hostil, basado en pasiones primitivas, y los pueblos “civilizados” con la intención hostil, propia de la razón política. Para el filósofo prusiano estas diferencias en el grado civilizatorio y de regulación de los conflictos eran de poca importancia, dado que, en la práctica, sentimiento e intención hostiles se encontraban mezclados, dándole ese doble sentido a la guerra.

Desde una perspectiva normativa occidental ha surgido la pregunta: ¿por qué Gadafi no fue juzgado y Saddam sí? Es decir, ¿fue racional la ejecución de Gadafi o se hizo al calor de los sentimientos de venganza que estimulan la tiranía y la guerra?

Nos atrevemos a exponer tres hipótesis que pretender dar una respuesta a dicha interrogante. En primer lugar, Saddam Husein fue capturado por tropas americanas cuyos comandantes estaban interesados en legitimar toda la operación, razón por la cual era necesario un juicio bajo la formalidad jurídica de tradición occidental. En el caso de Gadafi, si bien se afirma que el convoy en el que huía fue atacado por aeronaves francesas y americanas, el líder derrocado fue capturado por su propia población, y ellos, sus verdugos, consideran que no necesitaban legitimar su insurrección, ya que es justa desde el principio.

En segundo lugar, la autocracia iraquí no desmontó las instituciones del Estado, aunque corrompidas y dirigidas desde el centro del poder, los tribunales de la era de Saddam trataron de conservar las formas, aunque fuesen una cruel caricatura de Occidente. Gadafi, por el contrario, no gobernó bajo principios autocráticos, sino totalitarios e impregnados de misticismo y tribalismo autóctonos. Los tribunales libios, al igual que toda la institucionalidad, eran un espejismo en el que ni las formas se cumplían.

Por último, los enemigos locales de Saddam eras las minorías kurda y chií, sometidas a sangre y fuego por los suní. Para ellas, demostrar los crímenes del régimen anterior era de vital importancia con el fin crear un nuevo orden basado en ciertas consideraciones de justicia. En Libia, a pesar del régimen de tribus, el Estado funcionaba como una federación tutelada con sus propias formas de representatividad. Además, el CNT está parcialmente liderado por ex-colaboradores de Gadafi, a los cuales no les convenía un juicio penal internacional que los involucrara de lleno en las actividades del antiguo régimen.

Las tres hipótesis no sólo tratan de responder al cuestionamiento planteado, sino además, intentan brindar elementos para comprender que la brutalidad de la guerra siempre se reserva algún grado de racionalidad política.