miércoles, 5 de octubre de 2011

Strategos #59: La geopolítica del (marco)euro


¿Cómo se explica que en una república democrática y liberal como la de Alemania, su clase política asuma el costo de llevar adelante el rescate financiero de otro país? ¿Cómo justificar el recate de Grecia a los ojos de ciudadanos que legitiman con sus votos al sistema político alemán y financian con sus impuestos al Estado? Las explicaciones económicas del liberalismo y el marxismo apuntan en la dirección correcta cuando afirman que lo que está en juego son los capitales alemanes que cumplían con la función de reducir las asimetrías en la zona euro, para el bienes general, dirán los primeros, o para garantizar mercados dependientes, dirían los segundos. Pero en nuestra opinión los dardos explicativos liberales y marxistas, aunque bien direccionados, van con poca potencia, pues más allá de la protección de los grandes capitales, están los históricos objetivos geopolíticos.

Mientras Francia busca su propio espacio de influencia en el Mediterráneo occidental y en el África francoparlante, Alemania se ocupa de mantener a toda costa sus intereses europeos. A finales del siglo pasado, en vísperas de la llegada de moneda única, se decía que el euro era el nuevo nombre del marco alemán, y casi diez años antes Margaret Thatcher afirmaba que en el Tratado de Maastricht, constitutivo de la Comunidad Europea y antecedente directo de la Unión, se le daba a Alemania de forma pacífica todo aquello que se había negado en dos guerras mundiales. La potencia alemana, y su ubicación en el corazón del continente, hacen que sus objetivos geopolíticos estén asociados a una vinculación ventajosa con Europa oriental y los Balcanes, gestionando en paz su rivalidad histórica con Rusia y evadiendo la presencia de las grandes potencias occidentales.

El rescate griego aprobado por el Bundestag, con votos socialdemócratas y democratacristianos, se explica cuando se considera que para Berlín es un punto de honor y poderío defender la zona euro, incluso asumiendo el costo político frente al electorado. No hacerlo implicaría, no sólo un problema en la recuperación de capitales, sino la posibilidad de que, ante la crisis, una débil Grecia inicie un proceso de reversión monetaria, saliéndose de la zona euro, reactivando su banco central y devaluando su moneda nacional para salir a flote por sus propios medios. Y peor aun, constituyendo un precedente para economías frágiles que están amarradas a la moneda del Banco Central Europeo (con sede en Fráncfort, por cierto). Un retroceso de este calibre echaría por tierra la mayor expansión de influencia que Alemania haya conseguido en su historia sin el peligroso uso de la fuerza militar. Como intentamos explicar, la geopolítica del euro, que podría ser entendida como la del nuevo marco alemán, rebasa las explicaciones mecánicas e intuitivas que pululan en los medios.