viernes, 11 de noviembre de 2011

Runrunes Diploos: La deuda estratégica

Hay un factor que es central en el análisis de la actual situación venezolana: el gobierno vive una de sus horas más oscuras en términos de poder, se está debilitando. La oposición venezolana muestra una renovada ambición, y logra combinarla con complejos grados de organización a través de la MUD; las capacidades de influencia exterior de Venezuela manifiestan un progresivo declive, cuyo más evidente episodio fue la victoria diplomática obtenida por Guyana en el acuerdo Puerto España, pero que también se ve en el aislamiento relativo por causa de su sistema de alineamientos externos; y además, dado el personalismo en la gestión de gobierno, reforzado por una institucionalidad híper-presidencialista, la salud del presidente se asocia de forma casi simétrica con la salud del Estado.

En este ambiente se ha desarrollado un importante avance en el proceso de endeudamiento del sector público, pero también en la intención por convertirse en acreedor blando de fuerzas cercanas al chavismo. El proceso, que escapa de la racionalidad económica, entra de lleno en la racionalidad política, y podríamos llamarlo “endeudamiento estratégico”.

El endeudamiento estratégico se basa el uso de recursos financieros y/o materiales con el fin de satisfacer objeticos políticamente definidos. La necesidad de sostener una deuda estratégica con tantas fuerzas externas como sea posible. No importa si son petroleras italianas, francesas, rusas, o incluso estadounidenses, mucho menos si las vinculaciones son con la banca pública china o el sector construcción brasileño, y resulta preferible si la relación es con los aliados iraníes (un vínculo que no tiene explicación económica evidente), lo importante es hacerse, si no imprescindible, al menos conveniente para múltiples poderes (empresariales o estatales) alrededor del mundo. En un sentido inverso la deuda estratégica también funciona, pues Petrocaribe está diseñado para generar inclinaciones favorables al actual gobierno venezolano, mientras que el acuerdo petrolero con Cuba no sólo significa la compensación por la asistencia ideológica, intelectual y de seguridad en los círculos más íntimos del poder, sino el mecanismo venezolano para tratar de sostener la lealtad.

Las pérdidas que genera, y seguirá generando por algún tiempo, el endeudamiento estratégico, sin importar un eventual cambio de gobierno, se deriva de una interpretación del interés nacional en la que el sostenimiento de un particular grupo de poder se considera imprescindible para el proyecto nacional. Interpretación que tiene poco asidero objetivo, pero que es la justificación última de la revolución.