viernes, 4 de noviembre de 2011

Runrunes Diploos: Menos sorpresa y más alarde

El factor sorpresa es una ventaja tan apreciada como difícil de sostener en el arte de la guerra. La masiva y rápida difusión de la información atenta contra las intenciones de los decisores al momento de definir cursos de acción que brinden la oportunidad de violar las medidas de defensa del enemigo. Los servicios de inteligencia en todo el mundo juegan al mismo juego: recabar tanta información como sea posible para anticipar las acciones del resto de los Estados, sean rivales, neutrales o aliados. Lo mismo se aplica, en su propia escala, a los grupos subestatales que actúan en la arena internacional. El velo de misterio sobre las posibles acciones propias, sobre todo las de carácter ofensivo, se convierte en un requisito indispensable para sorprender y generar un impacto en adverso en la capacidad de respuesta del otro.
Siendo así, dos casos actuales llaman poderosamente la atención: el primero, la amenaza de la red de ciberactivistas autodenominada Anonymous contra el cártel de drogas mexicano de los Zetas; y el segundo, el debate sobre la posibilidad de un ataque preventivo israelí contra las instalaciones nucleares de Irán. ¿Por qué Anonymous e Israel declaran sus intenciones por medio de comunicados expresos o información filtrada que se masifica rápidamente? ¿No estarían alienándose del deseado factor sorpresa y entregando así una apreciable ventaja estratégica? Asumamos que los decisores son racionales, y pensemos que esa renuncia a la sorpresa supone obtener otra ventaja. Tal ventaja no se plantearía en la acción anunciada, sino en una etapa previa. Los anuncios mencionados de Anonymous de Israel responde a maniobras de alarde con fines políticos, y explicaremos porqué hacemos esa afirmación.
Primer caso. Anonymous ha ganado notoriedad por sus acciones, pero sobre todo por sus anuncios, contra Estados y corporaciones alrededor del mundo. Su marca es la de una red antisistema que pretende mercadearse bajo principios de superioridad moral, y para ello ha cuestionado las prácticas políticas y económicas habituales. Pero la etiqueta antisistema, y el marcado encono contra entidades públicas y privadas occidentales, amenaza con estereotipar a la red y reducir su rango de acción propagandístico (recordemos que se nutre de voluntarios), por lo que requiere ampliar sus objetivos, ¿y qué mejor manera que amenazar a un cártel de drogas que se ha caracterizado por el daño que hace a población inocente? Lo que parece una buena idea, que sin duda gran parte del mundo aplaude, no resiste un análisis ligeramente más profundo, pues el negocio del narcotráfico no está sujeto redes de comunicación ligadas a internet, ni cuenta con una centralización evidente de sus mandos. Dadas las herramientas y tácticas de Anonymous, ¿cuál puede ser el daño real a los Zetas? El anuncio es un alarde, por ello la sorpresa no es importante, y sí lo es la difusión.
Segundo caso. Israel no es un novato en materia de ataques preventivos: Guerra de los Seis Días (1967), acción destinada a destruir las capacidades militares de Egipto, Siria y Jordania antes de afrontar un ataque conjunto; Operación Babilonia (1981), destrucción del reactor iraquí de Osirak ante el temor del desarrollo de armas nucleares por parte del gobierno de Saddam Hussein; Operación Huerto (2007), destrucción de un reactor nuclear sirio que funcionaba con cooperación norcoreana. En cada una de esas operaciones el secreto fue la clave del éxito. Pero ahora hay un debate nacional sobre si atacar o no a Irán. Las manifestaciones públicas sobre la amenaza del uso de la fuerza tienen un efecto más diplomático que militar (en la medida en que podamos separar ambos campos de acción cuando hablamos de una zona en conflicto). Las perturbaciones políticas iraníes son cubiertas por el totalitarismo teocrático, pero ya es público que el líder supremo, el ayatolá Jamenei, padece de un agresivo cáncer, que Ahmadinejad está en una lucha por hacer una “revolución dentro de la revolución” para mantener en el poder a su grupo político, y que la sociedad iraní no está cohesionada ni es masivo el apoyo al régimen. Israel, que no puede entablar diálogo directo con Irán, alardea con el fin de dar a entender a las fuerzas políticas persas que demanda un cambio en las intenciones hostiles contra su existencia, sobre todo en un periodo adverso, dadas las posiciones de Egipto y Turquía, y la victoria simbólica de Palestina en la ONU.
Ambos ejemplos actuales nos ilustran acerca del complicado panorama estratégico que vivimos, en el que el pensamiento convencional se encuentra con los retos de un sistema internacional en el que los actores que no terminan de asumir definitivos patrones de conducta.