miércoles, 9 de noviembre de 2011

Strategos #64: ¿Ocaso guerrillero?

Todo aquel que se haya aproximado a los estudios estratégicos, difícilmente ha escapado a la fascinación que ejercen las formas de guerra de baja intensidad practicada por grupos insurgentes contra fuerzas estatales, y en las cuales la práctica terrorista es común. Llamemos a esta forma de lucha, de manera general, guerra de guerrillas. Este año dos importantes líderes insurgentes han caído ante el fuego de sus enemigos: Osama bin Laden, en Pakistán, y Alfonso Cano, en Colombia. ¿Son estos éxitos contrainsurgentes el preludio al ocaso de las guerrillas? ¿Triunfarán las pesadas fuerzas convencionales sobre las adaptativas fuerzas que practican la confusión, el camuflaje y el sigilo?


Siendo un estudiante universitario que volvía de Bogotá, luego de un seminario sobre el “Plan Colombia” en el Ministerio de Defensa de colombiano, presencié por televisión los ataques del 11 de septiembre de 2001. A la información de primera mano que traía sobre el crecimiento de las FARC y la manifiesta frustración de los militares colombianos frente a la zona de distensión del Caguán, se sumaba la incertidumbre sobre las capacidades estadounidenses para proteger a sus civiles frente a los ataques de al-Qaeda en su propio suelo. La década que se asomaba parecía indicar que la lucha insurgente retomaba niveles de eficacia que no se veían desde las luchas de descolonización en África y Asia, y quizá más.

Pero la situación, luego de diez años de aquella impresión, parece haberse modificado favorablemente para los Estados, aunque no sin dolorosos en inconfesables costos. Occidente y sus aliados experimentaron violentos atentados en sus propios territorios. Las naturalezas del Estado y de la democracia, no siempre compatibles, consiguieron una solución común en casos como el de la guerra que ha librado EEUU y el resto de la OTAN contra el Islam radical. Mientras que el Estado apunta al uso de la fuerza avasallante, la democracia liberal postula la defensa de los civiles y se basa en mecanismos que sancionan las acciones que pongan en riesgo a los propios soldados. La solución para ambas demandas: llevar la guerra al territorio enemigo. Si éste se encuentra en el exterior, la estrategia implica proyección de la fuerza, y si está en el propio territorio, supone maniobras de aislamiento progresivo, lo que además entraña negarle santuarios aledaños.

La última década de guerra contrainsurgente ha sido en gran medida un largo curso de entrenamiento. Las fuerzas de la OTAN en Asia Central han acumulado una vasta experiencia táctica, algo que lamentablemente no se adquiere en tiempos de paz. Las fuerzas colombianas han acumulado lecciones que permiten acortar el lapso entre la caída de un líder de las FARC y la de su sucesor. Posiblemente no sea el ocaso de la guerra de guerrillas, pero sin duda estamos en el amanecer de un nuevo ciclo de dominio militar del Estado moderno.