miércoles, 23 de noviembre de 2011

Strategos #66: Defensa Petrov


Observar el movimiento de parte de la flota rusa del Mar Negro a las costas de Siria, me reafirma que una de las más importantes ventajas que tiene Rusia en el tablero de la política mundial es que el ajedrez es su deporte nacional. El maestro ruso Alexander Petrov, perfeccionó una salida abierta de ajedrez usando al caballo con varios fines tácticos como: reforzar la primera línea de defensa ante la salida abierta del primer peón, contrarrestar la salida del contrincante, debilitar la defensa de su rey, y crear las condiciones para neutralizar a su dama. Pero lo más importante es que estratégicamente la llamada defensa Petrov o defensa rusa, es el primer paso para ocupar el área central del tablero, logrando así aquello que el gran maestro Anatoli Kárpov y el maestro Anatoli Matsukévich (evidentemente rusos) llaman “caballo eterno”, una posición privilegiada en la que el caballo tiene la opción de tomar hasta ocho casillas, desplegando así su máximo potencial.

La jugada rusa en el Mediterráneo Oriental ha sido desplegar poder de fuego y exponer sus buques ante la inestabilidad en la región, en momentos en los que el régimen sirio afronta la amenaza interna del Ejército Sirio Libre, formado a partir de oficiales y tropas desertoras de las fuerzas regulares, y cuyo mando opera en algún punto del otro lado de los límites con Turquía y tiene presencia en provincias del norte y el oeste del país. Y en paralelo, las tensiones entre Israel e Irán se incrementan en tanto la Agencia Internacional de Energía Atómica asoma la posibilidad de que el segundo esté en etapas avanzadas para el desarrollo de armamento nuclear, mientras en Tel Aviv se debate sobre la conveniencia de lanzar o no un ataque preventivo a las instalaciones iraníes.

La flota rusa es ese caballo eterno del que hablan Kárpov y Matsukévich, tomando posición central en el tablero y así logar varios objetivos a la vez: primero, disuadir a la OTAN de llevar adelante cualquier acción en contra del régimen de Asad, aliado al cual Rusia se ha comprometido a defender; segundo, disuadir a Israel de lanzar un ataque preventivo contra Irán, Estado que, sin ser aliado formal de Rusia, sirve a sus fines para debilitar la influencia de Occidente en Medio Oriente y Asia Central; tercero, ofrecer una tangible garantía al gobierno sirio para que no tenga que recurrir a Irán, ni que Irán se vea en la difícil situación de decidir entre apoyar a Asad y arriesgarse a una guerra catastrófica, o abandonar al sirio y perder su prestigio como aliado; y cuarto, salvaguardar su prestigio como gran potencia, ya que en una maniobra diplomática de gran envergadura empeñó su imagen a través del veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para evitar cualquier tipo de intervención sobre Siria.


Los rusos juegan sus piezas en un complejo ajedrez multipolar con la esperanza de, al menos, quedar tablas.