viernes, 23 de diciembre de 2011

Runrunes Diploos: China y el cinturón naval de democracias

Un interesante proceso geoestratégico se está dando en la gran región Asia-Pacífico y, como de costumbre, China está involucrada. La década anterior estuvo marcada por las expectativas sobre los efectos que produciría el auge de China, pero las acciones políticas y militares del resto de los Estados involucrados en dicho proceso, regionales y extra-regionales, parecían ir más lento de lo que iban las relaciones económicas y los análisis académicos. La actual década parece ser la etapa de las reacciones concretas al incremento del poder y la influencia chinos.

Esta semana inició con la primera cumbre trilateral entre Estados Unidos, India y Japón en la ciudad de Washington -encuentro orientado a analizar la situación general del Asia-Pacífico y a buscar fórmulas para la unificación de criterios entre los tres poderes. Esta cumbre no sorprende, los movimientos convergentes de Washington, Nueva Delhi y Tokio se vienen dando con antelación. Por nombrar algunos eventos hitos previos a esta primera cumbre, tenemos:

  • El viaje de George W. Bush a India en marzo de 2006, momento a partir del cual comienza a cambiar la relación entre las dos potencias y se comienza a hablar informalmente sobre la posibilidad de un alineamiento con miras a desmontar la conflictividad con Pakistán y contener al poder chino.
  • En octubre de 2008 el primer ministro indio, Manmohan Singh, visitó a su par japonés, Taro Aso, resaltando la complementariedad económica indo-japonesa, pero además, destacándose el hecho de ser dos de la mayores y más desarrolladas democracias asiáticas, cada una ubicada en los extremos de China y con diferendos territoriales activos con ésta.
  • En junio de 2011 se reactivó la tensión sino-vietnamita por el control del mar de China meridional, la principal ruta de abastecimiento energético al lejano oriente, quedando involucrados los Estados Unidos por su activa presencia en la zona.
  • En agosto de 2011, China puso en operaciones experimentales su primer portaviones, y el presidente Hu Jintao alentó a la armada a desarrollar su potencial y proteger los intereses marítimos de un país que se ha caracterizado por ser una potencia terrestre desde el siglo XV.
  • Este mismo mes Japón optó por el F-35 Lightning II, de fabricación estadounidense, por sobre el Eurofighter Typhoon, confirmando la necesidad de mantener la alianza y la compatibilidad de ambos sistemas tácticos.
  • Agreguemos la reciente (diciembre de 2011) decisión estadounidense de establecer una base permanente en Darwin, Australia, con lo que se cerraría el cinturón de democracias poderosas en torno a China.

La reacción geoestratégica tiene su paralelo en la Organización para la Cooperación de Shanghái (OCS), una alianza fundada en 2001 por China y Rusia, con la participación de socios menores de Asia Central. Pero la OCS, si bien ha logrado importantes victorias geopolíticas, como la expulsión de las bases estadounidenses de Kazajstán, por ejemplo, pero con una capacidad naval limitada en sobre las rutas marítimas de suministro energético desde África y Medio Oriente. China estaría limitada de proyectar su poderío en su periferia marítima, asegurándose así la capacidad disuasiva de India, Australia y Japón, lo que garantizaría la seguridad de las naciones del sudeste asiático y de históricos aliados de los Estados Unidos, Taiwán y Corea del Sur. El repliegue euroasiático, que está en marcha por parte de Washington, sería compensado por la hegemonía naval, una fórmula de probada eficacia para grandes poderes extra-continentales.