viernes, 9 de diciembre de 2011

Runrunes Diploos: Ideas para el debate en política exterior (4/5): relaciones con grandes potencias extrarregionales

Las relaciones exteriores de Venezuela, contrario a lo que reza la propaganda oficial, han sido históricamente diversas, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX, y en especial en la era de la democracia. No obstante, aquel mundo al que nos insertamos estaba dominado por la lógica de la bipolaridad, y nuestra actual participación en el sistema internacional se ha realizado bajo una doctrina de parámetro dominante: contrabalancear el poder de los EEUU. El mundo multipolar supera en complejidad a nuestro actual diseño de política exterior, sobre todo cuando hablamos de grandes poderes fuera de nuestra región. A continuación, presentamos brevemente lo que consideramos que deben ser las líneas generales en nuestras relaciones con la Unión Europea (UE), China y Rusia.
La UE no pasa por su mejor momento. El estado de bienestar hace aguas hacia la periferia de Europa, afectando a sus poderes centrales. Ello, sin embargo, no limita el potencial de la UE como actor político con ventajas financieras y tecnológicas necesarias para el desarrollo. Además, nuestras raíces culturales occidentales encuentran en Europa la fuente filosófica de nuestro siempre deseado sistema político republicano y basado en la democracia liberal. Colombia y Brasil, por mencionar dos ejemplos, ha establecido lazos con la UE a través de un tratado de libre comercio, la primera, y por medio de la transferencia tecnológico-militar, en el caso del segundo. Como mercado y proveedora de conocimiento, Europa juega un papel decisivo para un poder medio regional como Venezuela. Los Países Bajos, Reino Unido y Francia son nuestros vecinos en el Caribe gracias a sus posesiones de ultramar, y con los cuales no tenemos ningún diferendo territorial y sí muchas preocupaciones comunes sobre la seguridad de la cuenca marítima, razón que debe impulsarnos a buscar mejores vínculos para fomentar políticas conjuntas de control de tráfico ilegal de narcóticos, bienes y personas. No debemos olvidar que Venezuela es uno de los principales receptores de inmigrantes del viejo continente y cuna de europeos de segunda, tercera y hasta de cuarta generación. Ese nexo social debe ser tomado como un instrumento diplomático para obtener mayores beneficios de parte de un socio tan importante.
Así como Europa occidental es tan familiar para Venezuela, Rusia es en muchos sentidos una potencia distante. La adquisición de armamento ruso en tiempos recientes no debería ser satanizada. Rusia tiene una de las industrias militares más avanzadas del mundo, heredera directa de la rivalidad que marcó la nota durante la Guerra Fría. Lo cuestionable es la dependencia a un único proveedor que, además, resulta idiosincráticamente distinto. A ello añadimos que las armas rusas han repotenciado el poder de fuego de Venezuela, y contribuido a la moral de nuestros oficiales, pero no se ha dado la necesaria transferencia tecnológica total, lo que nos condena a la dependencia. Bajo el parámetro dominante de contrabalancear a Occidente, y en especial a los EEUU, Venezuela se ha involucrado con Rusia como un comprador de armas sin que exista un criterio estratégico más sofisticado que lo justifique. Esto, sin duda, debe ser revisado por un próximo gobierno.
En el caso de China queda claro que nuestra relación es inevitable, como le ha quedado claro a todo el mundo. El actual gobierno ha planeado esta relación con dos propósitos marcados por la precipitación: el primero, ya mencionado en el caso ruso, rivalizar con los EEUU; y el segundo, contar con financiamiento para el gasto público dado el manejo carente de transparencia y austeridad. Dejar que China se convierta en el financista del Estado es una estrategia válida para potencias como la UE o los propios EEUU. En una relación simétrica de poder resulta difícil determinar quién controla a quién, si es el acreedor o el deudor. En una de abierta asimetría, es deudor se encuentra en una posición débil de negociación, y es esa la vulnerabilidad que hemos desarrollado en una relación leonina con China. No debemos olvidar, además, que China, en medio de su impresionante crecimiento económico, está dando muestras de corrupción administrativa igualmente impresionantes, tantos recursos económicos en manos de burócratas sin control parlamentario ni de opinión pública han generado una situación que comienza a ser exportada hacia países africanos y latinoamericanos, sobre todo hacia aquellos con un pobre desempeño en cuanto a transparencia y control de la corrupción. En todo caso, es el rescate de la CAN y/o la asociación con el arco andino del Pacífico, nuestro puente natural y seguro hacia el mercado Chino, exigiendo condiciones conjuntas y reguladas por un tratado que salvaguarde nuestros intereses ante el voraz apetito de la potencia en auge.
En un orden multipolar las relaciones son, por definición, diversas.Ello nos conduce a tender puentes con multiplicidad de actores internacionales, y por ello debemos desarrollar doctrinas flexibles que vayan más allá de los parámetros bipolares que siguen rigiendo los criterios de los decisores naciones actuales. En un orden multipolar, inestable y peligroso por naturaleza, la creatividad es un bien de primera necesidad.
En la próxima entrega, la última de esta serie, ofreceremos nuestra opinión acerca de lo que deberían ser las relaciones con potencias secundarias extrarregionales.