viernes, 30 de diciembre de 2011

Runrunes Diploos: Ormuz y la necesidad nuclear iraní

El mundo está conmocionado por la tensión que se ha generado en el Golfo Pérsico, específicamente en el estrecho de Ormuz, el principal punto de estrangulamiento de la geopolítica del petróleo. A las amenazas iraníes de cerrar a la fuerza el paso del corredor de 30 Km de ancho, en su punto más angosto, han sido interpuestas contra-amenazas de la armada de los Estados Unidos, según la cual no tolerarán ninguna interrupción del flujo petrolero que sale del Golfo –y que representa un tercio del petróleo transportado por vía marítima en el mundo.

Pero veamos a esta amenaza en desde una perspectiva realista. Más de un 95% de las exportaciones de Irán son petroleras, y la quinta flota de los Estados Unidos tiene una base permanente en Bahréin, con al menos dos grupos de batallas, encabezados por portaviones, protegiendo el estrecho de Ormuz. ¿Sería sensato iniciar hostilidades en un ambiente económico y estratégico tan adverso? El estudio de la política internacional parte del supuesto de racionalidad de los actores, aunque advierte que la información de la que se parte para tomar decisiones es imperfecta, y que las preferencias de los decisores son subjetivas. La historia de la guerra está plagada de ejemplos en los que una potencia menor llevó adelante un cálculo errado, asumió el riesgo y desató un conflicto que luego descubrió que no podía ganar. También sobran los ejemplos de alardes que se salieron de control.

La complejidad del sistema político iraní nos permite deducir que las decisiones más delicadas no dependen, ni de lejos, de un sólo hombre. Por más insensato que nos parezca Ahmadinejad, debemos considerar que su poder real dentro de Irán es, al menos, limitado. Si la supervivencia es la primera tarea de los Estados (y sus élites), la primera explicación que podemos dar a las amenazas iraníes es que son parte de un bluff. No quiere decir esto que no se debe prestar atención a las mismas, pues como dijimos, muchos han sido los alardes que se salieron de control y generaron guerras. Pero, al menos hasta los momentos, las sanciones contra Irán no han alcanzado a su exportación petrolera, lo que mantiene vivo y consciente al régimen teocrático.

El razonamiento anterior nos lleva al punto culminante de nuestro artículo: la necesidad iraní de contar con armamento nuclear. Se ha especulado hasta el hartazgo sobre las intenciones del programa nuclear iraní. Irán y sus amigos insisten en que tiene exclusivos propósitos civiles, sus enemigos ven en éste un plan con fines militares. A la distancia, y considerando la poca transparencia de un Estado totalitario, no resta hacer conjeturas lógicas. Irán es un Estado revolucionario único, una república teocrática chií de mayoría persa. Es comprensible que su percepción de amenazas le indique que está constantemente asediado. Además de su turbulenta historia moderna (sometido a la competencia colonial por los imperios ruso y británico en el siglo XIX, la injerencia británica y americana a los largo del siglo XX, y la intensa y prolongada guerra con su vecino Irak en la década de los 80, luego del triunfo de la violenta revolución islámica), Irán se encuentra en una zona altamente nuclearizada: Pakistán, India, China, Rusia e Israel poseen armamento nuclear, al igual que sus principales enemigos -Estados Unidos, Francia y Reino Unido. Por razones disuasivas Irán requiere armamento nuclear. La lección norcoreana lo confirma, pues desde la detonación de 2006 la frágil e inestable Corea del Norte ha logrado negociar como un igual y conseguir concesiones por parte de Corea del Sur, Japón, Estados Unidos, Rusia y China, Estados que son mucho más desarrollados económica, tecnológica y militarmente.

La amenaza sobre Ormuz no es sólo una respuesta intuitiva a las sanciones (así como la contra-amenaza estadounidense es una respuesta refleja de disuasión), es también la confirmación de que éstas no han tocado el eje de gravedad de poder iraní, el petróleo, lo que nos lleva a considerarla, por ahora, como un alarde. Pero además, esa misma línea de razonamiento nos sugiere que existe un sustrato lógico en la búsqueda iraní del arma nuclear. Sobre esto, la clase política venezolana, gobernante y opositora, debe debatir acerca de nuestra relación con Teherán y considerar, seria y públicamente, y más allá de orientaciones ideológicas, qué lugar ocupa la alianza con Irán en nuestro interés nacional.