miércoles, 7 de diciembre de 2011

Strategos #68: Celac a la medida

Cuando revisamos en la práctica el significado que tuvo la cumbre de la Celac en Caracas, inmediatamente surge la compatibilidad entre ésta y los objetivos de la Alianza Bolivariana. Excluir a las potencias del norte (por cierto, miembros americanos de la Otan) y establecer mecanismos de protección ante golpes de estado, sin que estos contemplen medidas democráticas como las garantías a la libertad de expresión y a las elecciones transparentes, son una muestra de la influencia política de la Alba sobre la Celac. Pero esto desata más preguntas, pues a simple vista pareciera que poderes regionales de envergadura, como Brasil, México o Colombia (por nombrar a los tres Estados latinoamericanos con mayor peso demográfico, militar, y con fluidas relaciones con los EEUU) cayeron en el juego de la Alba. Sin embargo, un análisis más incisivo revela que esto no es así.




Por sus capacidades, Brasil es la gran potencia latinoamericana. No obstante, su influencia política no ha alcanzado los niveles esperados. Encerrado en un Mercosur en el que Argentina, a pesar de las asimetrías, hace todo lo posible por jugar con autonomía en el sistema internacional, y sin poder darle operatividad a la Unasur, Brasil ve en la Celac la oportunidad de reunir en un sólo organismo hemisférico a todos los Estados menores a él. La participación mexicana es un costo a pagar, pues la nación hispanoparlante más grande del mundo exhibe ventajas culturales que Brasil no posee frente a sus vecinos hispanos, sin contar la fuerte relación mexicana con la economía estadounidense. El precio, aunque alto, se paga con el fin de entrar en el juego, lo que explica por qué Brasilia y México fueron los primeros promotores de la organización, antes de que fuese ideológicamente asaltada por Venezuela.

México ha jugado demasiado tiempo y demasiado cerca a los EEUU, lo que lo ha alejado del resto de América latina, dejando de cumplir la labor geopolítica de liderazgo que le corresponde por su historia, dimensiones e idioma. También pagan un precio los mexicanos, el de ser parte de una organización multilateral con laxa institucionalidad democrática, pero a cambio se reinsertan en la región sin los EEUU, tratando de competir con Brasil por la representación latinoamericana frente a la gran potencia y al resto del mundo.

Colombia, por su parte, viene desarrollando una agresiva política de diversificación de relaciones que comenzó con las restauraciones bilaterales con Ecuador y Venezuela, y siguió con su involucramiento pleno en la Unasur. En momento en los que Washington reevalúa sus compromisos en el mundo y se contrae militarmente, sus aliados buscan una política más autónoma, lo que explica la activa presencia de Santos en Caracas.

La Celac ofrece poco en ganancias colectivas, pero en términos de ganancias individuales, no cabe duda que cada gobierno ha sabido cómo sacarle provecho.