miércoles, 18 de enero de 2012

Strategos #73: Una alianza bajo estrés

En 2005 la revista Newsweek le preguntó al entonces presidente taiwanés Chen Shui-bian si consideraba la posibilidad de una reunificación con China continental, a lo que Chen respondió que no veía ningún problema, siempre y cuando la República Popular alcanzase los estándares de vida promedio a los que estaban acostumbrados los taiwaneses. Ante las evidentes diferencias en ingreso per cápita entre ambas sociedades, el periodista señaló que para eso podrían pasar hasta cien años, a lo que el político contestó: “Entonces, que pasen cien años”.

La posición de Chen, que es la del Partido Democrático Progresista, es la del independentismo taiwanés, un nicho que ocupó luego de que el histórico Partido Nacionalista (Kuomintang) diese un giro progresivamente favorable hacia la reunificación china. El sábado pasado, el Kuomintang logró la relección del presidente Ma Ying-jeou y sostuvo la mayoría en el parlamento. Esto ocurre en un momento en que los EE.UU. están reorientando sus esfuerzos en una geoestrategia orientada a mantener la supremacía naval en la gran región Asia-Pacífico, en una clara política de contención del auge de China. Taiwán fue conocida en el argot de la Guerra Fría como “el portaviones más grande de los EE.UU.”, pero bajo las actuales circunstancias surgen dudas con respecto a la alianza Washington-Taipei.

La tesis dominante sobre alianzas internacionales, enmarcada en la teoría neorrealista, reza que los acuerdos de asistencia recíproca en matera defensiva son producto de la identificación de una amenaza común. Los documentos que anualmente publica el Pentágono son muy claros en señalar a China como una amenaza militar futura, e históricamente la superpotencia ha reiterado su compromiso en defender la integridad territorial de Taiwán (aunque formalmente reconozca que es parte de China). Pero, ¿qué pasará si Taiwán, en efecto, ha dejado de ver a China como una amenaza?

La elección del sábado fue seguida de cerca por Washington y Beijing, y no pareciera aventurado deducir que la campaña previa estuvo influenciada por ambas potencias. El hecho concreto es que China está consiguiendo por la vía del influjo económico y cultural aquello que no logró por la vía de la fuerza en tres oportunidades (las crisis del estrecho de Formosa de los años 1955-56; 1958; y 1995-96). EE.UU., por su parte, se encuentra en el más indeseable de los dilemas, pues si sigue ofreciendo apoyo tecnológico-militar, ese material podría, a la larga, quedar en manos de su principal rival, mientras que no hacerlo simplemente aceleraría el acercamiento. La relación entre Taiwán y los EE.UU. es un ejemplo actual de una alianza bajo estrés.