miércoles, 8 de febrero de 2012

Strategos #76: Venezuela y las Malvinas

La beligerancia política de Venezuela en la disputa territorial por las islas Malvinas, entre el Reino Unido y Argentina, no se inicia con las declaraciones públicas de Hugo Chávez. En plena crisis, que condujo a una guerra entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982, el gobierno venezolano presidido por Luis Herrera Campins, a pesar de las diferencias en materia de sistemas de gobierno, brindó un abierto apoyo diplomático a la dictadura argentina en sus reivindicaciones territoriales. Las diferencias entre aquel apoyo y el de hoy radican en la identificación de potencias que Venezuela desea contener.

En aquella guerra Venezuela se puso del lado de Argentina, siguiendo el principio de pluralismo ideológico, instrumento conceptual que podría ser traducido como la forma más pura de “realismo político venezolano”, y en el que la cooperación con otras formas de gobierno en América latina era postulada con el fin de no aislarse dentro de un región dominada por regímenes de fuerza. Pero en el fondo yacía la reclamación sobre la Guayana Esequiba: aceptar el principio de uti possidetis facti -fórmula de amplia aceptación en el derecho internacional anglosajón que legitima el derecho de conquista exitosa y estable- del poderío británico sobre las Malvinas, era equivalente a ceder la Guayana Esequiba, pues ambas disputas comparten, si no el mismo método, si el mismo origen histórico y geoestratégico. Contrabalancear el poderío británico y su influencia era parte de una política exterior integral que trataba por todos los medios conservar su coherencia.

El apoyo que brindamos hoy a Argentina en la reactivación pública de su reclamo (más enunciativa y declarativa que formal) no está vinculado a nuestro interés por el Esequibo, ya que el acuerdo de Puerto España, firmado en 2011 por ambos cancilleres, echó por tierra décadas de consistencia diplomática. La solidaridad venezolana hacia Argentina ha sido caracterizada como una de origen ideológico, y no dudamos que haya algo de ello en sus manifestaciones más abiertas. Pero sostenemos que hay factores geopolíticos más profundos entre los que se destaca el creciente peso internacional brasileño. Caracas y Buenos Aires, además de sostener relaciones cuestionables (no olvidemos el caso del maletín), tienen en común una relación con Brasilia de cooperación bajo amenaza de hegemonía económica con apetitos políticos. Como dos polos de tensión que no quieren desvincularse de quien podría ser la gran locomotora de un proyecto continental que contrarreste el peso de los Estados Unidos, Venezuela y Argentina experimentan la paradoja de querer, al mismo tiempo, conservar su autonomía frente al gigante suramericano. Es allí donde descansa la más profunda explicación geopolítica del actual interés venezolano por las Malvinas.