miércoles, 29 de febrero de 2012

Strategos #79: Democracia y conflictos


La semana pasada se hizo público el informe anual del Heidelberger Institut für Internationale Konfliktforschung, conocido como Konfliktbarometer 2011. De acuerdo con la investigación, el año 2011 fue el más conflictivo desde el final de la Segunda Guerra Mundial, con 20 guerras y 38 conflictos violentos. La situación que se espera para el año 2012 no será muy distinta, pues aquellos conflictos del año pasado siguen, en su mayoría, sin resolverse, y muchos que comenzaban a perfilarse parecen madurar y desarrollarse (véase los casos de Siria e Irán, sin contar el potencial conflictivo de las situaciones políticas en Venezuela, Rusia, Egipto o Libia, por citar pocos ejemplos). La paradoja es que, mientras arrecia la violencia política y criminal en el mundo, este mismo año 2012 podría ser el de mayor participación electoral en toda la historia, según la Election Guide de la International Foundation for Electoral Systems.




Las tesis liberales sobre el comportamiento político y la prevención de los conflictos rezan que a mayor democracia menores posibilidades de violencia. Desde las teorías de la modernización política hasta la de la paz democrática, todas parecen coincidir en que la participación popular es la mejor forma de mantener a raya al fantasma de la guerra. Pero, si las elecciones se están convirtiendo en un procedimiento tan común, ¿por qué los conflictos no ceden? La respuesta está, no en aspectos cuantitativos, sino en los cualitativos, en particular en la calidad de las democracias. La degradación del concepto “democracia” es un riesgo que surge con la forma misma de gobierno, y la demagogia fue y es su primera dolencia. En un mundo en el que la mayor parte de los Estados se declaran democráticos, pero en donde imperan democracias militarmente tuteladas, dirigidas por élites burocráticas, orientadas a reverenciar a un hombre predestinado, o a escudarse en el primitivo principio de “infalibilidad de las mayorías”, y que además se halla en una etapa de temprana multipolaridad desbalanceada, no importa si los siete millardos de habitantes del planeta votan este año, pues lo que estarían haciendo, en su mayoría, es legitimar fraudulentas formas de representación popular.


Las condiciones estructurales del complejo y dinámico sistema político mundial, en el que englobamos al sistema internacional y a los distintos sistemas políticos nacionales, no permiten vislumbrar un pronto triunfo de la democracia, ni mucho menos una reducción substancial de los conflictos armados. Antes bien, el violento 2011 y el participativo 2012 parecen ser muestras de lo que ya es el orden natural de este inicio de siglo, marcado por la fragmentación social, las luchas intestinas y la rivalidad entre potencias, todo en un marco de degradación de la democracia por abuso del término. Bienvenidos a un mundo sin patrones estables ni centro de gravedad.