miércoles, 7 de marzo de 2012

Strategos #80: El partido hegemónico

Desde el revolucionario triunfo bolchevique de 1917, y hasta la navidad de 1991, Rusia estuvo dominada por un sistema de partido único. Este sistema totalitario anuló por los métodos más brutales cualquier forma de competencia política, reservando la rivalidad para los jerarcas del régimen, pero sin que existiese la posibilidad de la disidencia fuera del partido. Sistemas similares se siguen practicando hoy en Corea del Norte, Cuba y China, por ejemplo, generando dinámicas políticas asfixiantes. No obstante, debemos reconocer que los sistemas de partido único están perdiendo fuerza como forma autoritaria de ejercicio del poder. De manera alternativa, ha venido surgiendo el sistema de partido hegemónico, que parece ocupar cada vez mayor espacio en el panorama político mundial.

Democracias totalitarias, democracias iliberales, dictaduras perfectas, democraduras, autoritarismos competitivos, democracias controladas, crisis de las oposiciones… son algunas de las denominaciones que han recibido estos sistema de partido hegemónico. Ninguna es errada, pues logran explicar en mayor o menor medida distintas dimensiones del fenómeno. La ventaja de llamarlos sistema de partido hegemónico es que, aunque se pierde precisión conceptual, se gana en explicación y difusión. Si Lenin puede ser considerado el padre intelectual del sistema de partido único, Antonio Gramsci podría ser el del sistema de partido hegemónico. La hegemonía, según el teórico político italiano, no se trataba de controlarlo todo, sino de hacerse con el gobierno de las instituciones clave dentro de una sociedad. La ficción de competitividad es fundamental para la subsistencia legítima y democrática del partido hegemónico, razón por la cual debe dejar siempre espacios para la conquista táctica por parte de la oposición, pero que jamás ésta alcance victorias estratégicas.

Rusia Unida, partido que apenas parecer tener un atisbo ideológico, es una coalición interesada de antiguos agentes de la inteligencia soviética devenidos en nuevos magnates, vinculados al sector militar, y unidos en torno al control de la energía y las armas. El contundente triunfo de Putin en las elecciones del domingo en Rusia, no sólo lo consagra como el político más influyente del país desde la desmembración soviética, sino que ratifica a la democracia rusa como una caracterizada por poseer un sistema de partido hegemónico. Este sistema, si las tendencias persisten, parece llamado a ocupar un lugar de preponderancia en la política mundial del siglo XXI.