miércoles, 14 de marzo de 2012

Strategos #81: El útil secreto

Una vez lo dijimos en esta columna, el Arcana Imperii era el nombre latino con el que se designaba a los secretos de Estado, aquella información que por ser tan valiosa y/o peligrosa, no podía ser conocida por el público. El poeta estadounidense John Godfrey Saxe lo explica de un modo más simple en una frase generalmente atribuida a Otto von Bismarck: “las leyes, como las salchichas, dejan de inspirar respeto en proporción a cuánto sabemos de cómo están hechas”. Lo mismo aplica a los acuerdos y pactos políticos domésticos e internacionales.

El régimen castrista que gobierna Cuba desde hace ya 53 años, se ha especializado en todas las formas posibles del control político. El secreto, la manipulación y la represión son el trípode sobre el que se sostiene el aparato de control cubano. Es por ello que Hugo Chávez ha decidido llevar su tratamiento en La Habana, para evitar en la medida de lo posible cualquier filtración y para poder jugar con la opacidad y el secreto. Esto, aunque indeseable para una sociedad con aspiraciones democráticas, ha resultado absolutamente natural, conocidas las características definitorias del gobierno venezolano. Cuba es considerada un santuario socialista, pero también una caja oscura y de distorsión de la información, de allí que la presencia de Chávez en allí sea natural. Lo que no ha resultado coherente a primera vista es la visita de Santos a La Habana para una heterodoxa entrevista con los Castro y Chávez, de la cual los datos que se manejan públicamente son escuetos y fragmentados.

Lo cierto es que la importancia que podría tener el intento de la ALBA por imponer a Cuba como un invitado a la Cumbre de las Américas en Cartagena el mes próximo, o la deuda venezolana a Colombia, no parecen temas tan decisivos como para hacer que el presidente colombiano se desplace hasta el norte del Caribe. Una hipótesis que consideramos probable es que, ante la derrota política y estratégica de las FARC, y la posibilidad táctica y operativa de sus frentes en una etapa de crisis de liderazgo del grupo insurgente, la Casa de Nariño esté buscando la desmovilización controlada del grupo para lograr una pacificación que no quede empañada por la violencia espontánea de frentes guerrilleros anarquizados, y ha pensado que no hay mejores mediadores que los comandantes Castro (Fidel y Raúl) y Chávez.

Una misión tan delicada como ésta supondría muchos riesgos políticos que deben evitarse mediante el mayor de los secretos diplomáticos. A un enemigo desesperado se le debe ofrecer una salida viable para evitar que se haga más agresivo. La opinión pública sería un lastre al proceso, por lo que la reunión en La Habana, la capital americana del autoritarismo y el secreto, parece la mejor sede para tales menesteres.