miércoles, 25 de abril de 2012

Strategos #83: Reconquista sudanesa


Los estudios generales de la Universidad Simón Bolívar permiten a los estudiantes de ingeniería, tecnología y ciencias básicas entrar en contacto con disciplinas y realidades distintas a sus áreas de formación profesional, desde la literatura hasta los estudios ambientales, pasando por las distintas ciencias sociales. Nuestra responsabilidad allí ha sido impartir el curso "Seguridad Internacional: guerra, estrategia y diplomacia en el mundo contemporáneo", el cual culmina con una actividad evaluada que hemos dado en llamar "Simulación de Crisis Internacional".

Hace poco más de un año uno de esos ejercicios giró en torno a una situación hipotética, aunque plausible, en la cual Sudán llevaba adelante acciones subversivas con el fin de desestabilizar al nuevo Estado y justificar así una intervención que conduzca a una reconquista del sur.
Lo interesante del ejercicio no sólo fue acertar en un escenario plausible que hoy comienza a manifestarse, sino observar cómo los estudiantes llegaban, por medio de una dinámica de amenazas y regateo, a una situación que probablemente también se presente en la realidad: un alto interés por la encubierta guerra de reconquista sudanesa, con una baja acción para contenerla.

Un sistema internacional multipolar, global y desbalanceado, como el que presenciamos hoy, coexiste con el mayor grado de institucionalidad internacional que jamás haya existido en la historia de la humanidad, lo que conduce a la paradoja del paralelismo, aparentemente anormal, de anarquía y orden institucional. Se hace patente el fenómeno cuando se observa que el Estado agresor es dirigido por un perseguido de la justicia internacional por crímenes de lesa humanidad, nos referimos a Omar al-Bashir.

Ello, que a todas luces podría ser un obstáculo formidable para el esfuerzo bélico de Sudán por retomar el control de Sudán del Sur (y sus apetecibles reservas de hidrocarburos), se minimiza por los intereses cruzados de grades potencias que se neutralizan mutuamente.

La lógica de esta naciente guerra de reconquista parece signada por las experiencias de los conflictos delegados recientes que ya hemos visto en Libia y Siria: fuerzas autóctonas que reciben limitados recursos externos para la lucha, pero con enormes posibilidades de despliegue de violencia gracias a una extraordinaria libertad de acción brindada por el sistema internacional.

La intervención militar abierta y autorizada parece un improbable, por lo que la suerte de Sudán del Sur dependerá del apoyo que pueda recibir de manera furtiva desde Occidente, en el entendido de la superioridad militar de Sudán y el apoyo abierto de potencias como China. Todo indica que este tipo de guerra (conflictos delegados) marcará al menos esta década del temprano siglo XXI.