viernes, 4 de mayo de 2012

Runrunes Diploos: Desconcierto guyanés


La cancillería guyanesa se ha mostrado “desconcertada” con lo que considera cambios de parecer injustificados por parte del Estado venezolano con respecto a su solicitud ante Naciones Unidas de extender su plataforma continental. Debemos recordar que en 2011 los ministros de relaciones exteriores de ambos países se reunieron en Puerto España, Trinidad y Tobago, luego de lo cual el canciller Maduro hizo público el acuerdo con nuestro vecino oriental. En el mismo Venezuela exponía su descontento por no haber sido oportunamente consultada, pero admitía el derecho guyanés de solicitar la prolongación de la plataforma.

Lo que ignoró la cancillería venezolana en aquella oportunidad, por razones que hasta ahora son desconocidas, es que
de acuerdo a los principios básicos del derecho internacional marítimo “la tierra domina al mar”, es decir, sólo puede haber modificaciones en espacios marítimos cuando los límites terrestres están claramente definidos por las partes. En otras palabras, en Puerto España, Venezuela aceptó las actuales fronteras como un hecho consumado, dejando de lado lo que quizá sea la línea de política exterior más consistente en la historia diplomática de la república. Todo indica que, advirtiendo el error, la cancillería ha dado un paso atrás denunciando las intenciones guyanesas.

Interpretamos el desconcierto guyanés como una impostura diplomática destinada a enviar el mensaje de que nadie puede alegar su propia incompetencia. Guyana quiere explotar el error de Venezuela, pero sobre todo, explotar nuestra debilidad actual. En este mismo espacio advertimos en su momento sobre la incapacidad venezolana de disuadir a un Estado a todas luces menos potente como Guyana (Disuasión cero: porqué Guyana no le teme a Venezuela). En aquella oportunidad la salud de Hugo Chávez no ocupaba tanta atención como ahora, aunque ya se conocía sobradamente el problema del “hiperliderazgo”. Las idas y vueltas de la diplomacia criolla desconciertan más a los venezolanos preocupados por los asuntos públicos que a los extranjeros, quienes ya han advertido la crisis de liderazgo que experimenta nuestro Estado. En la arena de la política internacional podríamos estar viviendo el inicio de la etapa de mayor fragilidad, y demostrando que la “revolución” y sus efectos tardíos están haciendo inviable la proyección del poder nacional.