miércoles, 9 de mayo de 2012

Strategos #85: El reto de Hollande


Los cambios de gobierno en potencias con maduros sistemas políticos han sido tradicionalmente despreciados por el análisis de política exterior. Se entendía que los objetivos y la estrategia nacionales eran lo suficientemente claros para las élites como para considerar en serio la posibilidad de agresivos virajes en la conducción diplomática. Pero, considerando la naturaleza desordenada del actual sistema internacional, marcado por la volatilidad propia de la multipolaridad, hace falta recordar las principales líneas de política exterior francesa para
comprender el reto geopolítico que afrontará el presidente electo, el socialista François Hollande.

La crisis relativa de la eurozona no sólo tiene efectos perniciosos para la economía y la calidad de vida de sus ciudadanos. Aunque estos efectos sean de entrada los más comentados y justificadamente discutidos, también es cierto que una de las preocupaciones más importantes para Berlín y París es que el proyecto geopolítica de la Europa unida se pierda. Esta vieja aspiración ha sido siempre atractiva, pero quizá hoy, más que atractiva, sea necesaria, pues mientras Europa no logre establecerse como una poder mundial de capacidad significativa y singularidad en sus intereses, se abrirán espacios cada vez más amplios para que los EEUU conserve su primacía como líder del mundo occidental, o para que la Rusia de Putin siga teniendo a los europeos como rehenes nucleares y petroleros. Sin contar el auge comercial chino que amenaza desde hace décadas a la industria europea, así como lo empezarán a hacer las de India y Brasil. Mientras tanto, poderes menores de carácter regional intentan sacar provecho de la sobre-expansión histórica europea en Asia y África, y más recientemente se atreven a desafiar a los intereses europeos con demostraciones políticas de desagravio territorial y nacionalizaciones forzadas. En la era Sarkozy, que llega a su final, hubo una continuidad en la búsqueda de prestigio y poderío internacional, llegando incluso al uso de la fuerza por medio de intervenciones militares no autorizadas por el Consejo de Seguridad. Mitterrand y Chirac no fueron menos agresivos, pero a Sarkozy le tocó dirigir a la potencia francesa en una etapa de particular disgregación del poder mundial en múltiples y difusos polos. ¿Será Hollande un heredero de ese legado?

Las razones del electorado, tanto en Francia como en el resto del mundo, generalmente no están ligadas a asuntos exteriores. No cabe duda que la situación socio-económica francesa le costó el cargo a Sarkozy. Hollande pertenece a la élite política de Francia, siendo en el sentido estricto un “enarca”, es decir, un graduado de la École Nationale d'Administration y del prestigioso instituto politológico conocido como Sciences Po. Todo indica que podría sobrevivir a más de un periodo si logra interpretar adecuadamente el mandato electoral, pero si nos referimos al interés nacional francés, más allá del interés de un político en busca de la gloria personal, deberá continuar con el proyecto europeo y de poderío nacional, lo que implica mantener protagonismo internacional cooperación con sus socios, en especial, con los conservadores gobiernos de Alemania y España.