miércoles, 16 de mayo de 2012

Strategos #86: Colombia y las dificultades del realismo


Frente al gobierno de Chávez, ¿en qué consisten las diferencia políticas, no personales, entre Uribe y Santos? Estando nuestro país en el centro del debate público colombiano, vale la pena explorar la realidad para tratar de hallar una respuesta tentativa. Henry Kissinger, siguiendo la línea de pensamiento de Max Weber, estableció que la diferencia entre el académico y el estadista redunda en una enorme ventaja para el primero, pues si bien no alcanzará la gloria dirigiendo a ejércitos y naciones, haciendo la guerra y construyendo la paz, siempre podrá contar con el tiempo suficiente para analizar la realidad de forma parsimoniosa, y si en su búsqueda erra en sus hipótesis, el trabajo realizado servirá, a él y al resto de sus colegas, para descartar factores y tener una futura aproximación más acertada. El estadista, por el contrario,
es rehén de la crisis y sus despiadados tiempos, lo que le obliga a tomar la mejor decisión que considere posible, aun sin tener una fracción de los datos sin los cuales el académico no emitiría, seriamente, juicio alguno. Exponiendo tal diferencia es posible entender que ser realista no implica lo mismo para ambos. El académico realista emplea la teoría para escudriñar las intenciones del estadista, asumiendo que su norte es el poder. El estadista no puede detenerse a pensar en las implicaciones teórico-conceptuales, debe obtener resultados, o al menos eso asumimos como realistas. De allí que una política exterior pragmática sea apenas una forma rudimentaria de realismo práctico, que puede contar con las mejores intenciones para con los intereses nacionales, pero que no garantiza el éxito. Es en este aspecto en el que se desenvuelven los debates políticos (no académicos) con respecto al realismo.

Santos dio un giro a su postura frente a Chávez, y desde ese momento no sólo mejoraron las relaciones, sino que comprendimos cuál era el enfoque político del presidente que asumía el cargo en Colombia. ¿Se le puede pedir a un jefe de Estado que proteja los intereses de una nación distinta a la suya? ¿Se debe al interés nacional, sea como lo entienda, o a valores universales? Para Uribe no hay dudas en las respuestas, es un político que muestra una visión de compromiso con principios, ¿pero eso es realista? Uribe considera que sí, pues entre sus más recientes mensajes ha declarado el “derecho de los colombianos a que en otros países no se alojen terroristas”. Esta es una visión apegada al principio de seguridad nacional, marca personal del político en cuestión, pero la seguridad también es un tema caro para Santos, quien considera que una tregua (y es sólo una tregua) con la Venezuela de Chávez sirve mejor al interés de Colombia. ¿Son ambos realistas, tal y como alegan? Sí, pero partiendo de evaluaciones distintas de la realidad. Ser realista no es proceso de adscripción automática, y se puede actuar de forma opuesta a lo que otro realista considera prudente sin dejar de serlo.