miércoles, 6 de junio de 2012

Strategos #89: Precios del petróleo y seguridad


El informe del Banco Mundial sobre materias primas del primer trimestre ya lo anunciaba. Los indicadores lo reflejan, las grandes petroleras privadas dicen que será inevitable el progreso de la caída para el segundo semestre del año, y los gobiernos de los petro-Estados –aún de manera tímida- admiten que están alertas. Nos referimos a los precios del petróleo crudo, y con ellos a los precios de toda la energía fósil. Las economías emergentes no han dejado de crecer, por el contrario, su ritmo sigue siendo muy superior al de las economías desarrolladas. Pero no cabe duda de que han comenzado a madurar, y luego de años de altas tasas de crecimiento el milagro de los BRICS, con China a la cabeza, comienza a ser lentamente minado por la ley de rendimientos decrecientes. 


Los efectos que esta recesión tiene sobre la energía habían sido atenuados por la inestabilidad política en países exportadores. Pero todo indica que ni siquiera los conflictos pueden eclipsar por completo la realidad de los mercados. Pero, ¿qué efectos tiene esto sobre la seguridad internacional? Estamos acostumbrados a analizar lo contrario, es decir, los efectos de la seguridad internacional sobre los precios de la energía a través de los llamados “costos geopolíticos”. Pero cuando lo vemos desde el ángulo contrario nos conseguimos con un panorama mucho más rico en implicaciones. 

Podríamos hacer varias deducciones como, por ejemplo, que los días del gobierno de Ahmadineyad están contados, pues su auge se derivó de los altos precios que desplazaron al moderado Jatami, todo dentro del juego de poder de los clérigos chiíes. Con el peso de las sanciones sobre sus hombros, y la alta dependencia fiscal al petróleo, la situación actual sugiere que el Estrecho de Ormuz seguirá abierto a la circulación de tanqueros. 

Rusia, cuyo despertar post-soviético tiene profunda raíces energéticas, busca reforzar su comunicación con Europa, mas la degradación relativa de su poderío energético podría ser compensada con la amenaza militar, endureciendo sus ya ásperas relaciones con la OTAN. 

La nueva realidad de precios llega en un momento inoportuno para gobiernos que se encuentran en una coyuntura importante para su consolidación o sostenimiento, como lo son los de Libia y Venezuela. El CNT libio está ávido de recursos fiscales para normalizar su control sobre el país, sobre todo cuando se estima que la pacificación de Libia pasa por un esquema ampliado de satisfacción de clanes por medio de la distribución de renta. 

En el caso venezolano la debilidad de régimen chavista, dado el estado de salud de su aparentemente insustituible líder, podría afectarse aún más con una reducción sensible de los recursos de la renta, poniendo en alerta a un gobierno que ha tratado de establecer su hegemonía a fuerza de gasto público y represión selectiva. En los dos últimos casos se evidencia la progresiva introversión en política exterior, pero se abre la posibilidad de compensar la debilidad con represión interna si se no logran los objetivos políticos.