miércoles, 13 de junio de 2012

Strategos #90: Decoficando a la Unasur


La Unión de Naciones Suramericanas renovó su Secretaría General y vale la pena tratar de brindar algunas observaciones que ayuden a decodificar la complejidad política que afronta. Cumpliéndose uno de los puntos abiertos de la tregua Santos-Chávez, María Emma Mejía traspasó la dirección de la Unasur a Alí Rodríguez Araque. Mejía deja el cargo luego de medio periodo de funciones asegurando que la Unasur es un mecanismo de integración y que está más sólida que nunca. Nos resulta difícil coincidir con la representante colombiana porque hemos dedicado esfuerzo académico en comprender a la Unasur, y en especial a su Consejo de Defensa. Pero expliquemos brevemente por qué.


Los documentos y declaraciones que han venido dando forma a la Unasur apuntan a describir a un órgano supranacional que asuma rasgos de régimen internacional con la misión de establecer las bases para la gobernanza regional, en especial para la gobernanza de la seguridad. Esta particular inclinación le ha dado al CDS una preponderancia desde antes de la conformación de su organismo madre. Eran ya conocidas las posiciones coincidentes de la Venezuela de Chávez y el Brasil de Lula con respecto a la construcción de una alianza del sur que fuese más allá de los acuerdos bilaterales o de las altisonantes declaraciones tercermundistas de los tiempos de la Guerra Fría. En Caracas se llegó a hablar hasta de una “Otan del sur”. Deducimos que el peso de las fuerzas armadas en la formulación de política exterior brasileña, y la formación militar de Chávez, permitieron esta coincidencia, pero además está el hecho de que las potencias revolucionarias menores y las revisionistas mayores suelen asociase en objetivos tácticos frente a los grandes poderes mundiales. Pero no todo es coincidencia. Los acuerdos tácticos que le han dado vida a la Unasur y a su CDS, son los mismos que los condenan, pues las grandes líneas estratégicas en Suramérica apuntan en distintas direcciones. La potencia fenicia de Chile es parcialmente imitada por Perú, y todo el arco andino del Pacífico parece ver en esa dirección. Los miembros suramericanos de la Alba siguen compartiendo políticas comunes, pero con una marcada autonomía cuya pauta la marca Ecuador. Argentina y Venezuela, tan aparentemente cercanas a Brasil, comprenden que la Unasur es el mecanismo de hegemonía suave de Brasilia, y cooperan entre ellas para no caer, al menos no por completo ni tan rápido, en la esfera de influencia del gigante del sur. Pero además, los EEUU y otras potencias extrarregionales pujan por mantener sus espacios geoestratégicos, mercados y acceso a las materias primas del continente, logrando parcelas regionales de solidaridad.

Bajo las condiciones esbozadas resulta difícil creer que la Unasur sea un sólido instrumento de integración. Por los momentos, la realidad, que es siempre más transparente que el lenguaje diplomático, nos indica otra cosa.