jueves, 28 de junio de 2012

Strategos #92: La puja por Paraguay


La atención, como es natural, se ha dirigido al tema político-constitucional. La propaganda ha hecho lo suyo al colocar, de manera errónea, al juicio político que determinó la incompetencia de Lugo en el centro del debate. El desgaste natural de un gobierno asediado por los escándalos, la enfermedad del presidente y la confrontación con los sectores conservadores, parece no ser tomado en cuenta al momento de juzgar al juicio como expedito y sumario. La Unasur, dirigida por Rodríguez Araque, reaccionó de inmediato, sumándose la diplomacia brasileña a la iniciativa venezolana, pero eso no ha impedido que la Alba actúe en paralelo. Lo que queremos advertir es que, detrás de la aparente cooperación suramericana por denunciar el procedimiento paraguayo y revertir los efectos del proceso contra el destituido presidente, se encuentra una puja geopolítica encubierta que apenas se muestra.


El crecimiento de Brasil en las últimas dos décadas, con efectos políticos concretos en los últimos diez años, ha ampliado la brecha de poder entre el gigante suramericano y sus vecinos hispanos, mostrándose como eventual potencia central latinoamericana, líder natural de la región, representante de los intereses colectivos, garante de la seguridad y facilitador del diálogo en situaciones conflictivas. En una frase: Brasil se presenta como portaestandarte de una hegemonía regional benévola. Por razones tácticas, y por serias carencias en capacidades económicas, militares, diplomáticas y gubernamentales, muchos países suramericanos han tendido a aceptar como un hecho inevitable las pretensiones geopolíticas de Brasil, entrando en sus estructuras de gobernanza regional (Mercosur y Unasur) y alejándose de sus intereses nacionales. Pero en el plano estratégico, aun los más cercanos aliados regionales de Brasil entienden que la hegemonía brasileña no es mejor que estadounidense, y se ha manifestado esto en formas de para-cooperación multi y bilateral, o incluso de políticas unilaterales (Alba, la relación Argentina-Venezuela, y la reticencia inicial de Colombia o el poco interés de Chile, son ejemplos de lo que afirmamos). Todo en una política de contrabalancear a Brasilia.

Apartando el ruido y la torpeza diplomática propia de cancillerías desprofesionalizadas, Paraguay es un nuevo teatro de operaciones de esta puja geopolítica. La confrontación no se muestra como directa, pues en las relaciones internacionales la cooperación y los conflictos no son nunca puros, y porque los costos asociados a salir por completo de la tenue pero efectiva influencia brasileña son insoportables para las potencias medias. Por eso, en un complicado juego diplomático, Brasil ha permitido que lo hispanos tengan el control formal de la Unasur, y ha apoyado las tesis sobre el “golpe” a Lugo, mientras que las potencias medias han tomado la tribuna multilateral, pero siempre manteniendo posiciones políticas autónomas con respecto a Brasil.

El caso paraguayo se superará más temprano que tarde, pero la observación reflexiva y desideologizada de las reacciones a éste será de gran ayuda para comprender la verdadera dinámica de poder en nuestra región.