viernes, 6 de julio de 2012

Runrunes Diploos: El PRI y la duda geopolítica


La confirmada victoria de Enrique Peña Nieto abre el debate sobre nuevos escenarios en la dinámica política de América latina. El retorno del PRI al poder deja margen para preguntarse si este regreso vendrá acompañado de una política exterior más activa hacia su comunidad cultural por excelencia: la América hispana. Visto desde una perspectiva geopolítica, nos preguntamos si México asumirá el reto de contrabalancear el liderazgo de Brasil en la región, o se conformará con seguir jugando el papel poco activo de extensión económica de los Estados Unidos.


América latina estuvo fascinada por la cultura mexicana hasta hace una o dos generaciones. Es comprensible que el país hispanoparlante más grande del mundo tenga una capacidad de difusión cultural (intelectual y popular) destacada. Lo mismo puede decirse de la base de ese “poder blando”, es decir, el duro poder derivado de la capacidad económica que generalmente acompaña a un volumen demográfico apoyado por un sistema educativo masificado y con ciertos rasgos de calidad en sus niveles superiores. Era natural pensar que el líder regional, al menos para la América hispana, debía ser México.

Pero por distintas y complejas razones de orden interno, la antigua Nueva España no reaccionó cómo se esperaba. Su tradicional nacionalismo fue progresivamente sustituido por un inocuo pragmatismo que trajo una nueva prosperidad económica, por su vínculo con el norte, pero a cambio renunció a un rol como potencial central hispana. La actual relación compleja, de cooperación con rivalidad geopolítica, entre los Estados Unidos y Brasil, quienes con lentitud y algunos reveces construyen un condominio gobernanza de seguridad hemisférica, es en parte resultado de la disminuida presencia mexicana. El objetivo no expreso del G3 (México-Colombia-Venezuela) era crear ese tercer lado, pero ya conocemos el destino de dicho experimento. Por otra parte, la guerra del Estado contra los cárteles de la droga genera más dudas sobre el poder nacional de México y su proyección hacia el exterior. Un Estado que no logra éxitos significativos en su tarea de monopolizar la violencia, difícilmente puede ser un actor geoestratégico de envergadura.

¿Podrá el PRI revertir esta dinámica? El Partido de la Revolución Institucional luce hoy más institucional -por no decir tecnoburocrático- que revolucionario. Si bien ello podría redundar en el  bienestar socioeconómico de los mexicanos, su rol geopolítico disminuido continúa sin perspectivas de cambio. La continuidad es racional, y el ensimismamiento por razones de seguridad interna es más que necesario. Mientras tanto, México sigue en deuda con las expectativas históricas que generó.