miércoles, 11 de julio de 2012

Strategos #94: Tratado sobre el Comercio de Armas (2/4)


Mientras monitoreamos la conferencia de la ONU sobre la promulgación de un Tratado sobre el Comercio de Armas (convencionales), seguimos nuestra serie de cuatro artículos al respecto, abordando hoy los problemas derivados de la dicotomía ofensivo/defensivo en el dilema de la seguridad y el control de armas.


El dilema de la seguridad, como todos los modelos y teorías neorrealistas sobre la política internacional, y la mayoría de los esfuerzos explicativos en el resto de las corrientes teóricas, se sostiene sobre la observación, es decir, son modelos empírico-analíticos. El dilema de la seguridad afirma que la seguridad internacional está en relación inversa con respecto a la seguridad nacional, es decir, que los esfuerzos de la llamada “comunidad internacional” por sofocar las amenazas a la estabilidad del sistema son mitigados por las reacciones automáticas de la gran mayoría de los Estados que identifican incrementos en sus particulares percepciones de amenazas. Ello es así porque, lamentablemente, la primera reacción de los Estados que se sienten inseguros es armarse en la medida de sus posibilidades.

En un mundo multipolar y desbalanceado, como en el que vivimos, la percepción de amenazas es creciente. Bajo los principios del filósofo inglés Thomas Hobbes, podríamos decir que las tres causas generales de los conflictos; a saber, la competencia, la desconfianza y la gloria; se potencian bajo la presente configuración de distribución de poder. Si a ello sumamos el desarrollo técnico de la industrial mundial de armamentos, y las facilidades para la transferencia de armas a Estados y grupos no estatales, podemos entender que se registre un sostenido incremento en el comercio mundial de instrumentos de destrucción. De allí que la ONU identifique la necesidad de un TCA.

Pero el reto va más allá, pues el dilema de la seguridad indica que las carreras armamentistas son el resultado de una peculiar consideración, y es que las armas consideradas ofensivas generan un impacto mayor en los vecinos del Estado que se arma que las que podrían ser consideradas defensivas. El modelo del dilema se elaboró al calor de Guerra Fría, y goza de precisión cuando se habla de potencias de cierta envergadura, pero no es así cuando se refiere a poderes menores. Armas ligeras o armamento para conflictos de media a alta intensidad (como los aviones de combate o los misiles de corto alcance) podrían ser considerados defensivos en el caso de grandes potencias, pero en escenarios geográficos menores la capacidad de hacer daño (efectivo o en la percepción de vecinos) es mayor, por lo que la distinción ofensivo/defensivo se diluye.

La próxima semana analizaremos los avances y obstáculos que en la práctica presentan las discusiones sobre el TCA.