miércoles, 18 de julio de 2012

Strategos #95: Tratado sobre el Comercio de Armas (3/4)


La polémica se ha apoderado de la Conferencia de la Organización de Naciones Unidas para un Tratado sobre el Comercio de Armas convenciones, y es que entre los miembros permanentes del buró encargado de velar por la redacción final del tratado, y porque se alcancen acuerdos sobre el tema, se ha incluido a la República Islámica de Irán.
El resto de los miembros del comité general (Corea del Sur, Japón, Egipto, Nigeria, Kenia, Bielorrusia, Azerbaiyán, Ucrania, México, San Vicente y las Granadinas, Australia, Suiza y los Países Bajos) no están todos exentos de dudas con respecto a su conducta y controles sobre el comercio de armas, como importadores/exportadores o como simples destinos de armas para grupos violentos, pero la comprometida situación iraní, considerado una amenaza a la seguridad internacional, sometido a embargos internacionales e históricamente suplidor de armas a organizaciones como Hezbolá o a frentes de la insurgencia iraquí durante la ocupación occidental, ponen de manifiesto las dificultades inherentes de un acuerdo como el TCA.

Adicionalmente, debemos recordar cuáles gobiernos se abstuvieron de apoyar a la iniciativa desde un principio, en 2007: Bahréin, Bielorrusia, China, Egipto, India, Irán, Irak, Israel, Kuwait, Laos, Libia, Islas Marshall, Nepal, Omán, Pakistán, Qatar, Rusia, Arabia Saudita, Sudán, Siria, Emiratos Árabes Unidos, Venezuela, Yemen y Zimbabue. La representación de los Estados Unidos votó en contra. Como resulta evidente, los gobiernos que han mantenido una posición adversa, activa o pasiva, con respecto a la regulación del comercio de armas, son aquellos que, o bien representan a Estados ubicados en zonas de alta inestabilidad, son importantes compradores o vendedores de armas, o están aliados a alguno de los casos anteriores. Se destacan los casos de grandes potencias europeas como Francia, Reino Unido y Alemania, que siendo actores de alto impacto en el comercio mundial de armas, muestran una fuerte inclinación a apoyar al TCA. Podríamos decir que quizá sea por se autoabastecen, funcionan en algunas ocasiones como un consorcio y han reenfocado su exportación hacia armamento pesado (aviones y carros de combate, y submarinos, sobre todo), y sus tropas muchas veces se deben enfrentar a armas ligeras en manos de insurgentes en zonas de conflicto. En cualquier caso, se debe destacar el interés europeo por la regulación de las armas ligeras en el mundo.

En suma, el consenso está lejos de alcanzase. La posibilidades de que un TCA vea la luz, y que además sea respetado, son limitadas. El ejemplo del éxito relativo del Tratado de No-proliferación Nuclear no es aplicable por razones cualitativas y cuantitativas: la naturaleza de las armas nucleares genera un temor paralizante ante la proliferación, y para las grandes potencias es el mecanismo disuasivo máximo. Por eso, y por las dificultades técnicas de su desarrollo y manejo, el control siempre ha estado en manos de pocos Estados, facilitando las decisiones de consenso. Ninguna de estas razones está asociada a las armas convencionales, y menos aún a las armas ligeras.