miércoles, 25 de julio de 2012

Strategos #96: Clausewitz en Siria


Postergamos la conclusión de nuestra seria de cuatro artículo acerca de la cumbre de la ONU para normar el comercio de armas convencionales por dos razones: la primera, la cumbre se ha estancado y, aunque de ella salga un Tratado sobre el Comercio de Armas, las actuales condiciones del sistema internacional no parecen favorables para que tenga resultados efectivos; y segundo, la cuestión siria parece estar llegando a una etapa definitoria para el futuro del país, de su región y de todo el orden mundial.

El régimen de Bashar el Asad es una pieza clave para debilitar las posiciones e intereses de Occidente en Medio Oriente, razón suficiente para que Irán, Rusia y China hagan todo lo que sus capacidades diplomáticas y militares, y la prudencia política, les permitan para sostener al heredero de “la esfinge de Damasco”. Eso ha dejado sobre los hombros del propio Asad y de sus comandantes el peso de torcer el rumbo de la guerra en una reciente contraofensiva que no garantiza la victoria, pero cuyas únicas probabilidades de éxito están asociadas a que las fuerzas rebeldes no reciban asistencia externa ni ganen tiempo.

Tomando dos conceptos del prusiano Carl von Clausewitz, es posible sintetizar el actual objetivo táctico del gobierno sirio. El paso de una etapa defensiva relativamente exitosa, hacia una ofensiva que pueda ofrecer condiciones para la victoria, es lo que Clausewitz llamó punto “culminante de la ofensiva”. La etapa defensiva permitió a las fuerzas de Asad concentrar poderío mientras entregaba a cambio espacios de importancia estratégica, sobre todo en las fronteras. Ello fue tolerable y se pudo sostener por el constante reforzamiento ruso como garantía del veto en el Consejo de Seguridad, pero una vez que los rebeldes comienzan a avanzar y a llevar la guerra a Damasco, se inicia el proceso de contraofensiva, con la esperanza, aún en pie, de minar las capacidades y la voluntad del enemigo con rápidos golpes mientras se encuentra desplegado por el esfuerzo ofensivo. El objetivo, ahora que ha pasado al ataque, pero que paradójicamente enfrenta el desgaste y la fragilidad de la ofensiva cuando se prolonga, es anular la movilidad, poder de fuego y posibilidad de asistencia externa del enemigo que entra en fase defensiva, es decir, golpear lo que el prusiano definió como el “centro de gravedad”.

La maniobra del gobierno sirio queda expuesta no sólo en sus acciones, sino también en sus palabras, pues ha amenazado con usar armas químicas, prohibidas por el Derecho Internacional, y generando una reacción de condena por parte de Occidente, a la que Rusia se ha sumado tímidamente y siempre para conservar las formas. La disuasión externa forma parte del gran movimiento para aplastar a los rebeldes. Ahora el tiempo está en contra de Asad y cada día que pase en ofensiva sin lograr conquistar la victoria militar, estará más cerca de la derrota política.