viernes, 17 de agosto de 2012

Runrunes Diploos: Asad está perdiendo la guerra


En un intento por recomponer sus imágenes ante los aliados menores que han venido consiguiendo en distintas regiones del complejo mundo multipolar, Rusia y China se expusieron a la crítica de la opinión pública mundial al vetar sistemáticamente cualquier forma de intervención en la guerra civil siria, teniendo siempre sobre sí la sombra de la inacción y del destino de Gadafi. Las ideas dominantes para seguir este patrón, que ahora comienza a declinar, fueron:


1. El gobierno sirio tiene un poder de fuego muy superior (en cantidad y calidad) al que manejó en su momento el derrocado gobierno libio.

2. Las fuerzas armadas sirias, aunque hayan sufrido bajas importantes por deserciones, siguen siendo profesionales y con un alto apresto operacional, distintas a las que Gadafi desarrolló en Libia, compuestas por milicia y guardia pretoriana.

3. Los levantamientos en Siria no parecían enfocarse en ninguna zona en particular, por lo que la pérdida parcial del control territorial por parte del gobierno no era una preocupación.

El resultado de estas ideas, que resultaron en dogmas, fue que Moscú y Pekín consideraran que la mejor opción era crear la condiciones diplomáticas para proteger las acciones militares del régimen de Asad. Si se le daba una oportunidad a la guerra, las probabilidades de triunfo del bando oficial estarían garantizadas. Pero algo falló, y los servicios de inteligencia ruso y chino subestimaron el poder del Consejo Nacional Sirio y el nivel de descontento civil y militar. Las relaciones con servicios de inteligencia occidentales y árabes resultaron más fluidos de lo esperado y la no-intervención (directa) comenzó a revertirse. Ya hace un mes que las fuerzas leales a Asad reiniciaron los ataques en un esfuerzo por alcanzar el punto culminante de la ofensiva. La resistencia de Alepo y los combates en Damasco, reseñados ampliamente por la prensa internacional, hablan muy mal de la lucha de Asad contra el tiempo. Pero el gobierno sirio no sufre daños sólo en el campo de batalla.

Una información posteriormente desmentida por la cancillería rusa cambió el estado mental del mundo con respecto a Siria: Moscú le ofrecería refugio a la familia Asad en caso que lo necesitase. La flota del Báltico atracada en Tartus cumple con una misión primaria: la disuasión; pero también podría levar a delante una segunda misión: evacuar a la “familia real” y a la “corte” en el momento en que caída sea inevitable. El impacto moral de esta conjetura ha sido devastador, y aunque Rusia ha hecho lo posible por desmentirlo en una operación diplomática y mediática de control de daños, China no ayuda mitigar las dudas. Ayer el gobierno de Pekín, no sólo reafirmó el carácter de actor beligerante del CNS, sino que además lanzó una fuerte exhortación a su “aliado” en Damasco para que acepte una mesa de negociación que, en el mejor de los casos para Asad, conduciría a una fórmula de poder compartido.

El fracaso de la Conferencia de Teherán hace una semana fue el preámbulo para que ayer la ONU decidiera dar por finalizada la presencia de sus observadores en Siria. Rusia ha advertido sobre las “graves consecuencias” que tendría esto para la seguridad regional, lo que podemos interpretar también como graves consecuencias para el régimen sirio y para los intereses rusos en la región.

Esta suma de eventos, que no es en lo absoluto un listado exhaustivo, nos lleva a concluir que Rusia y China no lograron mantener el delicado equilibrio de la no-intervención militar con la presencia legitimadora de las NNUU. Estas mismas potencias han hecho declaraciones, e incluso maniobras militares (en el caso ruso), que indican el debilitamiento del gobierno sirio y la necesidad de “darle una oportunidad a la paz”, a pesar que jugaron a lo contraria hasta hace apenas dos semanas. Siempre es difícil hacer predicciones cuando se trata de una guerra, pero lo que podemos decir hoy es que Asad la está perdiendo.