miércoles, 1 de agosto de 2012

Strategos #97: Tratado sobre el Comercio de Armas (4/4)

Quien haya seguido esta columna o nuestra cuenta en Twitter en las últimas semanas, no se sorprenderá del fracaso de la ONU por alcanzar un Tratado sobre el Comercio de Armas que emulase al Tratado de No-proliferación Nuclear. La culpa parece bien repartida entre potencias occidentales y orientales, entre poderes mundiales y regionales, pero el neorrealismo internacional nos ofrece una respuesta marco de tipo estructural: la distribución de las capacidades que da como resultado un orden mundial con una marcada tendencia multipolar. A través de tres razones tratemos de entender el fenómeno, viendo a las armas como instrumento de influencia, de disuasión y como lucrativo negocio.


Armas como instrumento de influencia. Los intereses de las grandes potencias, en particular los EEUU, Rusia y China, han sido formidables obstáculos para el TCA. En un entorno de altísima competitividad internacional, en el que las zonas y sectores de influencia no están consolidados. Una rápida mirada al escenario geopolítico nos muestra la lenta retirada estratégica de los EEUU en Asia central y Medio Oriente, y el establecimiento del “pivote asiático” en Asia-Pacífico; la reestructuración del poder ruso en el antiguo espacio soviético y su búsqueda de influencia en Medio Oriente y América latina; o la preocupación China por dominar sus propios mares y llevar su sus intereses a todo el mundo a través del vehículo que representa su musculatura económica. La posibilidad de transferir armas a sus aliados extrarregionales es vital para proyectar su poder relativo, en tanto le puede negar influencia a rivales geoestratégicos.

Armas como instrumento disuasivo. En uno y dos peldaños inferiores se encuentran las potencias que están menos conformes con el orden internacional. Desde los emergentes revisionistas, hasta los revolucionarios de variado color ideológico, todos requieren de capacidades militares en plazos cortos. Disuadir es vital, y para los poderes emergentes la disuasión es fundamentalmente externa, mientras que para potencias menores la disuasión y el control político internos son objetivos igualmente importantes. Un libre comercio de armas es necesario para alcanzar estos objetivos en un mundo dominado por la incertidumbre.

Armas como negocio. Según el SIPRI, en 2011 fueron más de 60 millardos de dólares los que se registraron por concepto de comercio de armas convencionales. El mismo año fue el de mayor conflictividad mundial desde el final de la II Guerra Mundial, según el HIIK. Las perspectivas de cara a los próximos años, sobre todo si tomamos el desarrollo de lo que va de 2012, es que los conflictos armados no van a cesar y, por el contrario, aumentarán en número, duración e intensidad. En un mercado tan floreciente no parece sensato establecer controles que minen las ganancias de empresas productoras, intermediarios y funcionarios gubernamentales que cobran comisiones.