miércoles, 8 de agosto de 2012

Strategos #98: Geopolítica sobre Ideología


La semana pasada un evento diplomático rutinario, pero que podría tener importantes consecuencias para la seguridad de América latina, pasó desapercibido en Venezuela. Chile y Ecuador firmaron un acta de ratificación sobre los límites marítimos fijados en 1952 y 1954, generando polémica pública y protesta oficial por parte del gobierno peruano. A través de su cancillería, Perú rechazó la firma del acta, condenó la conducta de sus vecinos, y afirmó que la maniobra diplomática no cambia en lo absoluto el proceso de arbitraje territorial en La Haya, cuyos resultados esperan Lima y Santiago.


Cuando en un aula universitaria se discute acerca de asuntos políticos, una de las consideraciones que siempre se debe hacer es evitar el determinismo. Pretender que una variable fije el curso de las acciones humanas, no sólo es desconocer la riqueza y complejidad de la política, sino que, en el caso de los decisores y estadistas, puede suponer un desastre para los intereses nacionales o una amenaza contra la seguridad internacional. Cuando el tema que se discute gira en torno a la geopolítica, lo primero que se debe advertir es sobre los riesgos que implica la tentación del determinismo geográfico. La voluntad humana se expresa políticamente a través de los canales regulares del Estado, cuando hablamos de política internacional, y esa política exterior está siempre condicionada, en mayor o menor medida, por factores ideológicos. Pero en instancias relativas a la seguridad nacional, y si los objetivos para la élite gobernante de un Estado están claros, suele presentarse el fenómeno de la superposición geopolítica sobre la ideología, como lo demuestra el caso chileno-ecuatoriano.

Chile y Ecuador discrepan con respecto a las visiones políticas de sus respectivos gobiernos. Piñera y Correa se colocan abiertamente en lugares opuestos del espectro ideológico latinoamericano, pero han conseguido algo en común que los precede: un rival geopolítico. Entre 1879-83, Chile y Perú (este último aliado con Bolivia) sostuvieron una guerra cuyos resultados siguen generando polémica. Ecuador, por su parte, luchó en dos guerras, también de de disputa territorial, contra Perú, en 1941-42 y luego en 1995. La estrategia de abrir un segundo frente a un rival se empalma con la tesis del balance de las amenazas en la teoría de las alianzas y alineamientos internacionales. Ha sido la geopolítica la que ha metido en la misma cama a estos extraños socios ideológicamente enfrentados.

Con dos frentes abiertos, Perú se encuentra limitado de actuar con una contundencia que supere el umbral del derecho internacional. Crea esta situación posibilidades de mediación del Consejo de Defensa Suramericano de la UNASUR, y es una prueba para el liderazgo emergente de Brasilia. Pero recordemos tres hechos: primero la institucionalidad de la UNASUR sigue inmadura, sobre todo en materia de seguridad y defensa colectivas; segundo, Brasil ejerce una abierta influencia ideológica sobre el gobierno de Humala, por lo que no es un mediador aceptable para Santiago y Quito; y tercero, Chile y Ecuador juegan a mantener autonomía en sus políticas exteriores, miran cada vez más hacia el Pacífico y menos hacia Suramérica, y son los únicos suramericanos sin fronteras con Brasil. La geopolítica importa.