martes, 4 de septiembre de 2012

Líderes y épocas


La pregunta es persistente y no tiene una respuesta definitiva: ¿son los líderes quienes moldean a la historia, o son las condiciones estructurales las que hacen a los líderes? O dicho de otro modo: ¿habría sido distinta la historia sin ellos, o sólo les tocó cumplir un rol histórico siendo productos de su era? No pretendo responder a esto, sino exponer muy brevemente cómo hombres de carne y hueso representaron el ímpetu histórico en cada etapa de la historia contemporánea de las relaciones internacionales.

La selección es personal, y por tanto imperfecta. Algunos nombres son obvios, otros polémicos, pero todos fueron de gran importancia en su propio contexto. El periodo al que asocio a cada uno no siempre comienza con su ascenso al poder, pudiendo coincidir con el auge de otro líder. Algunos marcaron a su tiempo hasta la muerte, otros fueron simplemente eclipsados. No son los mejores, sólo son los que mejor representan a su época.


1815-1848: Clemens von Metternich
Con el final de las guerras napoleónicas llegó un proceso de restauración que reflejó, no sólo el deseo de paz europeo, sino además fue un reflejo de la personalidad de un hombre que, según él mismo, pertenecía más al siglo XVIII que al XIX. Como Metternich, el sistema internacional reaccionó al espíritu revolucionario con un potente deseo conservador.




1848-1866: Lord Palmerston
El primer ministro británico imprimió el realismo que más convenía a la mayor potencia industrial. Más allá del conservadurismo austriaco, el desorden francés o el misticismo ruso, el gobierno de Lord Palmerston siguió el principio de no tener amigos ni enemigos permanentes, sino intereses.





1866-1890: Otto von Bismarck
La política del equilibrio de poder tuvo en Bismarck a su máximo exponente. El último canciller prusiano y el primero del imperio alemán, convirtió a la política exterior en una disciplina práctica que mezclaba arte y ciencia en la consecución de objetivos, pero sobre todo, en la preservación de un delicado balance entre intereses opuestos.




1890-1918: Guillermo II de Alemania
El liderazgo alemán marcó casi medio siglo de la política mundial, pero con dos estilos y resultados distintos. El káiser Guillermo II, plagado de complejos y al mando de la mayor potencia emergente, decidió que el viejo Bismarck debía pasar a retiro y que la política de poderío alemán sólo sería posible a través de demostraciones de fuerza. Tardó poco en crear el ambiente de la paz armada, allanando el camino a la Gran Guerra.





1918-1924: Georges Clemenceau
Aunque por un corto periodo, el mejor representante de la primera parte del periodo entreguerras fue “el tigre” Clemenceau. Su obsesión por debilitar para siempre a Alemania no estuvo acompañada con el poder suficiente para concretarse, se le debe la desmilitarización de la política internacional, aunque nunca estaremos seguros de en cuánto contribuyó, sin querer, al ascenso del fascismo.



1924-1933: Benito Mussolini
Le dio el sentido demagógico al fascismo, amedrentó a Europa y fue el modelo para las peores formas de liderazgo. Mussolini, como quizá nadie antes que él, practicó el brinkmanship hasta niveles que ya eran peligrosos con el armamento de la época.




1933-1945: Adolf Hitler
En una docena de años el liderazgo de Hitler transformó al mundo, arrastrándolo a la mayor guerra que la humanidad haya experimentado. No fue sólo un desafío a las potencias e instituciones de su época, sino a la civilización occidental y al legado de la Ilustración. Un hombre violento que representa un periodo violento.





1945-1953: Iósif Stalin
El aislamiento soviético ocultó a la brutal tiranía estalinista, y por ello Mussolini y Hitler coparon la escena mundial en los periodos anteriores. Pero una vez concluida la guerra y quedando la URSS como la segundo mayor potencia, pronto se hizo pública la verdadera naturaleza del circunstancial aliado, convirtiéndose en la principal amenaza a Occidente.



1953-1976: Mao Zedong
La descolonización en Asia y África tuvo una enorme repercusión en el mundo. El socialismo le dio contenido ideológico al mensaje de la liberación nacional (quizá para evitar el discurso puramente nacionalista, tan fácil de asociar al derrotado fascismo). Las guerras populares y de guerrillas tenían un modelo cercano, no europeo ni acartonadamente marxista, fue el exitoso modelo revolucionario maoísta, que va a tener seguidores desde Vietnam hasta Cuba, pasando por Angola. Mao es el primer líder no europeo en nuestra lista, lo que explica al convulsionado siglo XX más allá del reduccionismo bipolar.


1976-1981: Ruhollah Jomeini
El ciclo revolucionario no culminó con Mao, pero sin duda la revolución que se gestó en Irán dista mucho de aquella china que fue tan emulada. El ayatolá Jomeini irrumpió en la escena internacional con una particular revolución: religiosa antes que laica y regresiva antes que progresista. Jomeini demostró que las revoluciones no son siempre saltos adelante, y en el proceso humilló a los grandes poderes.




1981-1989: Ronald Reagan
El primer americano de nuestra lista, no porque los Roosevelt, Kennedy o Nixon carecieran de importancia, sino porque no habían logrado copar la escena mundial tanto con Reagan. Fue un nuevo impulso conservador en una época marcada por las consecuencias revolucionarias, y más aun, fue el final del experimento soviético.




1989-1993: Boris Yeltsin
Si Gorbachov fue el símbolo vivo del final soviético, Yeltsin fue el de la restauración nacional rusa. En poco tiempo su liderazgo se fue degradando, ya que aunque presente, el proceso de apertura rusa y sus consecuencias superaron al debilitado carácter del primer presidente de la Federación Rusa.




1993-2001: Bill Clinton
  Es el triunfo del liberalismo (en el sentido más anglosajón de la palabra). Democracia liberal, libre mercado y derechos humanos, todo bajo la dirección de la “potencia indispensable”. Si hubo un momento unipolar, quedó Clinton como la estampa más característica de esa década final del siglo XX.





2001-2012: Vladimir Putin
Si ha sentido que la lista sobrevalora o infravalora a los líderes, o le molestó que se omitiesen nombres como el de Lenin, Churchill o Gorbachov, prepárese, pues considera que el líder que mejor representa nuestro tiempo es Putin. Frío, lacónico, ambicioso y tenaz, el líder ruso no sólo se puede jactar de ser quien le devolvió su orgullo perdido a sus compatriotas y colocó de nuevo a Rusia en el tablero de los grandes, sino que además su política doméstica se basa en el modelo arquetípico de la democracia iliberal, y su política exterior apunta a fortalecer la multipolaridad heterogénea. No me cabe duda que Putin será recordado como el líder que mayor efecto tuvo en la primera parte del siglo XXI.