jueves, 27 de septiembre de 2012

Strategos #105: México Emergente


Bien sea por la decisión de incorporarse como provincia económica de los Estados Unidos, por el auge de los BRICS o por un difícilmente explicable declive cultural (disminución de soft power o poder blando, siguiendo la jerga en boga), México terminó el siglo XX y comenzó el XXI casi de forma inadvertida en el concierto mundial de potencias. Ocupando el puesto 11 tanto en materia de económica como de población entre los Estados del planeta, pareciera que la influencia internacional mexicana está sub-proyectada en el mundo en general, y en Latinoamérica en particular. Pero esto, según el presidente electo Enrique Peña Nieto, podría estar por terminar, pues entre sus cinco objetivos estratégicos de su presidencia cuenta a la proyección internacional de México.


El Partido Revolucionario Institucional de Peña Nieto ofrece una respuesta temprana a aquellos que plantamos la duda geopolítica sobre México. No deja de ser un partido que, en la opinión de expertos, es más tecnoburocrático que nacionalista, o si se quiere, más “Institucional” que “Revolucionario”. Ello, en la actual estructura internacional, parece cada vez más una ventaja, o al menos así lo demuestra el pragmatismo del Partido de los Trabajadores en Brasil. La alta competitividad que en todos los aspectos impone la multipolaridad, no renuncia a consideraciones ideológicas, pero sin duda superpone objetivos de poderío y prestigio que van más allá de los manuales doctrinarios, al menos para aquellos jugadores geoestratégicos que quieren destacarse. Peña Nieto acaba de finalizar una significativa gira latinoamericana por Guatemala, Colombia, Brasil, Chile, Argentina y Perú. La agenda expresa del nuevo presidente mexicano establece temas comerciales y de seguridad (en particular de acuerdos de libre comercio y de gobernanza regional), pero su objetivo no completamente expreso es posicionar a México en el lugar que le corresponde como potencia regional que es, a su vez, el primer país hispano parlante del mundo.

Llama la atención la vinculación con Brasil, pues esta potencia emergente ha dedicado importantes esfuerzos en convertirse en líder latinoamericano. No inaugura Peña Nieto una política de contrabalance latino hacia Brasil, recordemos que el México de Calderón robó protagonismo a la Venezuela de Chávez en la Cumbre de la Celac, pues es el vehículo para reinsertarse en América latina con un amplio margen de autonomía con respecto a los Estados Unidos. Esta nueva etapa de la política exterior mexicana crea renovadas expectativas en un momento hemisférico en el que todo apunta a un condominio de seguridad estadounidense-brasileño. Una delicada y larga gestión diplomática podría dar como resultado, a despecho de Brasilia, una ampliación del condominio hacia una estructura tripartita, es especial cuando Washington se ve cada día más así mismo. Por razones generacionales, ideológicas y geopolíticas, un eventual gobierno de Capriles debería mirar hacia México y buscar la restauración del G-3.