miércoles, 10 de octubre de 2012

Strategos #107: Hegemonía y Rentismo


En ediciones anteriores hemos hecho referencia al fenómeno del partido hegemónico como sistema de gobierno en auge en lo que podríamos llamar el “mundo occidental periférico”, como lo demuestran casos latinoamericanos y de la antigua Unión Soviética. Pero si bien la distinción de partido hegemónico resulta suficiente para separarlos de los aún persistentes sistemas unipartidistas, y de los modelos de competencia partidista más equitativa, cercanos o propiamente dichos de democracia liberal (representativa de las minorías y respetuosa de los derechos ciudadanos y políticos, así como del principio de autonomía de poderes), la fórmula de gobernabilidad no queda expuesta con la simple mención del fenómeno, ni mucho menos su esquema de economía política, vital para comprender su (in)estabilidad. Observemos los casos ruso y venezolano.


En Rusia, Vladimir Putin gobierna sobre la base emocional del prestigio restaurado, y con la economía política de un petro-Estado. La década que siguió al colapso soviético fue de humillación para los rusos, quienes perdieron peso relativo en el sistema internacional y vieron como su país languidecía en servicios básicos. Putin asumió la riendas con vigor, demostrando, primero en Chechenia y luego en toda Rusia y más allá, que seguían siendo una potencia mundial. La idea del “poder vicario” actuó y actúa desde entonces, legitimándose cada cuanto en procesos electorales desbalanceados desde su convocatoria. El “rentismo autoritario vicario” practicado por el líder de Rusia Unida crea condiciones de estabilidad, mientras grupos económicos penetran al Estado y hacen cada vez más difícil distinguir lo público de lo privado.

En Venezuela, la reciente victoria electoral de Chávez exhibe los contornos de la gobernabilidad y la economía política de la estabilidad chavista. En 6 años el gobierno venezolano logró captar apenas 30% del incremento del padrón electoral, quedando el resto en la oposición. Pero en el mismo periodo el monopolio del control arbitrario de los recursos públicos no hizo sino consolidarse, lo que demuestra una victoria de alto costo, aunque suficiente para sistemas presidencialistas. El costo ideológico podría ser mayor, pues Chávez renunció a las tesis centrales socialistas a cambio de la garantía de conservar apoyos por medio de la distribución de renta. Lo dicho, junto con el carisma remanente del líder y su mensaje emotivo, lleva a configurar un mecanismo de “rentismo autoritario benévolo”, fórmula que suple las carencias ideológicas y de liderazgo alternativo.

Lo aquí dicho en clave de política comparada, apenas abre la discusión sobre esta novedosa forma de dominación política, y bien vale la pena profundizar en su estudio, ya que podríamos estar en presencia del modelo político de mayor expansión en el siglo XXI.