miércoles, 17 de octubre de 2012

Strategos #108: Siria: daño irreparable


En ediciones anteriores hemos hecho mención al juego diplomático y militar en torno a la guerra civil en Siria. Rusia y China, en especial la primera, siguen tratando de restaurar el prestigio como aliados confiables, capaces y dispuestos a ser leales y solidarios con sus socios menores en todo el mundo. También hemos hecho referencia a la teoría de la “intervención prematura”, según la cual la mejor forma de garantizar una pacificación estable luego de una guerra civil es dejando que el conflicto arroje algunos resultados tangibles en materia de balance de poder, por lo cual no es políticamente recomendable intervenir antes. Además, hemos afirmado que, si a estas alturas el gobierno sirio no ha logrado imponerse, con todas las ventajas estratégicas de su lado, es porque está en franco retroceso, es decir, Asad estaría resistiéndose a ceder en una guerra que para él ya está perdida. Pero ese inventario de explicaciones no aclara el panorama de lo que comenzamos a ver: la guerra siria cruzó el punto del daño irreparable.


Los medios de comunicación se han hecho eco de la denuncia sobre el uso de bombas de racimo por parte de las fuerzas oficiales sirias. Las bombas de racimo consisten en municiones que contienen sub-bombas, una vez alcanzada cierta altura, las bombas menores son liberadas, generando un daño masivo en una amplia área de forma indiscriminada. Aunque el número de países que ha ratificado el tratado de Oslo que las prohíbe, la ONU ha condenado el uso de este tipo de munición, precisamente por el daño que genera en población civil no-combatiente. Los daños, en consecuencia, no sólo se deben estimar en vidas humanas, sino en también en términos psico-sociales. Por otra parte, el Departamento de Estado se muestra alarmado ante el hecho de que la ayuda extranjera a los rebeldes esté dando ventajas a las facciones islamistas contrarias a Occidente e Israel. Una revolución islamista suní no es sería descartable de proseguir la guerra, sobre todo en la medida en que las facciones más laicas, incluido el gobierno de Asad, pierden terreno. 

La realidad descrita limita las posibilidades de reconciliación post-bélica. Los sentimientos de hostilidad niegan espacios a la racionalidad política, mientras que, paradójicamente, el cálculo político de las potencias ha negado una salida distinta a la guerra irrestricta. Por esas razones consideramos que la guerra siria ya infligido un daño irreparable en esa sociedad, y más aun, en el precario equilibrio geopolítico de la región.