miércoles, 24 de octubre de 2012

Strategos #109: FARC Contrarreloj


Las destempladas declaraciones de Iván Márquez generaron un importante ruido en los medios de comunicación del mundo. A entender de muchos comentaristas, las palabras del guerrillero no parecían dar inicio a un ciclo de conversaciones orientadas a la búsqueda de la paz, sino una serie de consignas radicales en tono de demandas que trataban de reivindicar la causa original del grupo subversivo. ¿Por qué este tono cuando ya se ha accedido dar inicio a las conversaciones con acompañamiento internacional? Consideramos que responde a tres objetivos y una condición estratégica: propaganda, cohesión interna y poder de negociación, todo en el marco de un situación apremiante.


Comencemos por la situación estratégica. La guerra de guerrillas es la que hace el débil frente al fuerte, razón por la cual no puede intentar jugar en las mismas condiciones de aplicación de fuerza, lo que le debe llevar a compensar su poco impacto con acciones administradas en el tiempo. El factor “tiempo” es la ventaja natural del subversivo, que juega a debilitar la moral del enemigo a través del desgaste causado por la prolongada frustración. La situación de las FARC, luego de una década de contundentes pérdidas en sus capacidades de comando y combate, le están haciendo perder su única ventaja natural. 

Ante esta situación, los comandantes buscan aprovechar la atención de los medios en Oslo para revitalizar y, de ser posible, reposicionar su mensaje. Las prácticas de crimen organizado han hecho que la imagen de las FARC esté en su peor situación en la opinión pública mundial, de allí que las conversaciones en Noruega, que gozan de una amplia cobertura e interés, no sólo en las Américas, sino también en Europa, sean una plataforma inigualable de para una campaña propagandística venda al grupo guerrillero como un adalid de la justicia social cuyos errores se justifican por el alto nivel moral de la causa.

Por otra parte está el problema de la fragmentación de las FARC. En el pasado reciente hemos hecho mención a la organización enfrentes del grupo. La agresiva campaña del Estado colombiano ha logrado que estos frentes alcancen cuotas importantes de autonomía, lo que conduce a los líderes nominales, voceros en las conversaciones en Oslo, a enviar mensajes ideológicos que apelen al sustrato político remanente, pues en la práctica las FARC no son una unidad y sus voceros no son sus comandantes.

Por último, las altas demandas sirven para elevar las expectativas aparentes y jugar con una imagen distorsionada de poder. Las acciones criminales de las FARC continúan, así como las de las fuerzas militares y policiales de Colombia. Toda ventaja lograda en el campo de batalla podrá ser usada en la mesa de negociación. Los voceros guerrilleros saben que no pueden renunciar a la lucha armada sin tratar de obtener condiciones que les permitan acceder a concesiones. Juegan a demostrar un poder de negociación aparente muy superior al real. Todo se hace con el objeto de ganar el bien más escaso para las FARC en este momento: el tiempo.