miércoles, 14 de noviembre de 2012

Strategos #112: Reelecciones y Constituyentes



Las declaraciones del vicepresidente venezolano, Nicolás Maduro, quien se refirió al “proceso constituyente” como esencia del Segundo Plan Socialista de la Nación 2013-2019, ha logrado desconcertar una vez más a aquellos sectores opositores que se han negado a calificar al régimen como democrático-totalitario y de partido hegemónico. La confusión se acentuó cuando el ex-vicepresidente Elías Jaua afirmó que no está planteada la convocatoria a una asamblea nacional constituyente. Las reacciones inmediatas no han logrado dar con mecanismo que se plantea, pues se siguen analizando los procesos políticos latinoamericanos con los mismos parámetros convencionales que tanto sirvieron para evaluar el desempeño de democracias liberales.


El “proceso constituyente” no supone necesariamente la convocatoria a una asamblea nacional constituyente. El mismo es un mecanismo propio de las democracias totalitarias, que implica un avance progresivo hacia situaciones político-institucionales no contempladas, a través de la invocación permanente del “poder constituyente” (encarnado por figuras como el “poder comunal”, u otras formas de participación nominal y tutelada). El “proceso constituyente” no crea una nueva constitución, sino que reblandece a la vigente, la hace plástica para así forzar situaciones de hecho bajo un manto de legitimidad que permita garantizar la gobernabilidad en situaciones de crisis. Es, si se quiere, un estado de excepción permanente.

La evidencia reciente alrededor del mundo nos muestra una relación entre gobernanza regional de seguridad y gobernabilidad doméstica, en donde el factor articulador es geopolítico en tanto se refiere a lo que hemos llamado “densidad regional de gobernabilidad”. En una región con alto grado de sociedades gobernables, las posibilidades de conflictos se reducen, y viceversa. Las reelecciones permanentes en América latina no están siendo acompañadas de mejores desempeños políticos ni administrativos. Esta degradación de la calidad democrática resulta una amenaza a la gobernabilidad, que trata de ser resuelta con una activación permanente del legitimador poder constituyente. El efecto contagio de la “primavera árabe” demostró los problemas de una baja densidad regional de gobernabilidad, y es eso precisamente lo que se quiere evitar en nuestra región, al tiempo que se instalan regímenes de partido hegemónico, con sus diseños electorales que siempre favorecen al partido de gobierno. 

Las reelecciones permanentes (causa final), deben ir acompañadas de algo más que votos. El poder constituyente permanente (causa formal) es el factor legitimador postelectoral por excelencia en un régimen de democracia totalitaria. Una interpretación adecuada de lo que significa el “proceso constituyente” es un paso indispensable en la resistencia a un régimen de partido hegemónico. Una interpretación convencional, por el contrario, enterraría más profundamente las posibilidades de transición hacia democracias liberales en la región.