miércoles, 23 de enero de 2013

STRATEGOS #116: Por qué lucha Francia


En 2011 se alcanzó el nivel nunca antes visto de violencia política en el mundo desde el final de la II Guerra Mundial. Sin duda, la llamada “primavera árabe” contribuyó enormemente a este repunte. La guerra civil en Libia, acompañada por la intervención militar de la OTAN, estuvo en el centro de la atención mundial, así como hoy lo sigue estando la guerra siria. Ese año la intervención militar francesa en Costa de Marfil tuvo en perfil menor, por razones obvias, pues el norte africano se estaba moviendo a una velocidad histórica mucho mayor. Lo que está menos justificado es que la intervención francesa en Mali pase como un episodio rutinario para el sistema internacional. La guerra franco-malí contra las fuerzas islamistas del Sahel va más allá de una política neocolonial o de una de simple persecución de poderío y prestigio, es una guerra con una marcada profundidad defensiva.


El auge de potencias que son gigantescos conglomerados humanos, extensos territorios dotados de ingentes recursos naturales y/o con importantes arsenales de destrucción masiva, ha venido creando un sistema multipolar desbalanceado y multicultural en el cual las potencias occidentales noratlánticas, con la excepción de los Estados Unidos, corren el riesgo de la irrelevancia internacional. Francia, quizá la más orgullosa de esas potencias, necesita seguir una política de poderío y prestigio, y esa política se ha concentrado en su área de influencia natural: su antiguo imperio colonial. El idioma, junto a los privilegiados conocimientos antropológicos y geográficos, le ha permitido a la República Francesa intervenir en diez ocasiones en su antiguo espacio colonial en un periodo de veinte años. Pero no son guerras neocoloniales, como podrían argumentar los seguidores de las corrientes marxistas, pues las indagaciones históricas han demostrado que, particularmente a Francia, el costo de sostener un imperio colonial fue superior al de establecer relaciones privilegiadas con jóvenes Estados independientes. Así, lo que buscaría Francia internando sus fuerzas en África sería adelantar sus líneas defensivas, en prevención a la construcción de un sistema de Estados dirigidos por grupos radicales e inconformes con el sistema de gobernanza internacional.

En el marco descrito, París está cumpliendo con una de las tareas que mejor podría definir a una gran potencia en el temprano siglo XXI, la tarea de exportar un bien intangible como lo es la seguridad. Apelando a lo que Clausewitz llamó “defensa activa”, Francia adelanta sus líneas de defensa en el sentido en que lo hacen regularmente repúblicas democráticas poderosas, por considerar intolerable tener que enfrentar, en algún momento, amenazas en su propio territorio. Pero no es sólo la defensa nacional y la seguridad del Sahel y el Magreb por lo que luchan los franceses, pues en la práctica crean condiciones para sostener a la comunidad de seguridad y el espacio de defensa europeos. Con una habilidad diplomática que le permite actuar militarmente sin generar grandes escándalos en la prensa internacional, Francia hace méritos para no perder su lugar como potencia necesaria para la civilización occidental y el orden mundial.