jueves, 18 de abril de 2013

Strategos #121: Crisis Política Venezolana


Venezuela entró en una grave crisis política en el momento del anuncio del primer boletín del Consejo Nacional Electoral en la noche del domingo 14 de abril. La estrecha ventaja del oficialista Nicolás Maduro se debilita aun más con las observaciones y denuncias hechas antes, durante y después de los comicios. La tensión es para ambos bandos en la contienda. Henrique Capriles y la MUD luchan contra el tiempo y todo el poder del Estado, pero tienen como ventaja la inseguridad y los evidentes rasgos de ilegitimidad del régimen. Maduro y el Polo Patriótico sostienen una estrategia de radicalización en procura de construir una situación de “hecho consumado”, pero la debacle electoral debilita la cohesión en el chavismo y la fórmula del “gobierno colectivo” no parece ofrecer soluciones para tiempos de crisis. El mensaje de Capriles responde a la estrategia de repuesta flexible, buscando la escalada a través de una serie de ultimátums, y forzando al gobierno en ejercicio a radicalizarse o ceder, sin puntos medios.


¿Cómo afecta la crisis política venezolana al sistema internacional regional? Venezuela es una potencia secundaria en el sistema regional, pero en la última década y media su conducta ha sido la de un poder en búsqueda de objetivos desproporcionados con respecto a sus capacidades reales. Eso la llevó a la construcción de lazos clientelares e ideológicos entre los que se destaca la Alianza Bolivariana (Alba). El ocaso de la Alba se inició con la ausencia temporal de Hugo Chávez, y la actual crisis venezolana no hace sino aproximar el horizonte de su extinción efectiva. El vacío del liderazgo venezolano resta el tercer bando en el juego geopolítico latinoamericano, quedando Brasil y su proyecto Mercosur-Unasur frente a la emergente Alianza del Pacífico (Chile, Perú, Colombia y México). Mientras Venezuela está en su propio dilema interno, la región se mueve a un ritmo que sorprende incluso al Norte. Pero además, la crisis es una prueba de fuego para el incipiente proyecto de una comunidad de seguridad regional. La prolongación de la crisis, alentada por la profunda y simétrica polarización, obligará a los gobiernos regionales a tomar posición, pero sin ser arrastrados al conflicto. La debilidad institucional regional no ofrece soluciones de gobernanza que estén a la altura del compromiso.

Esta crisis política, que es de gobernabilidad, apenas comienza. El sistema internacional, sobre todo las potencias con un sentido liberal de la democracia, han mostrado prudencia ante los resultados, y manteniendo la distancia, se han interesado en el reclamo opositor. La radicalización en la política exterior no parece la decisión más racional para el gobierno en ejercicio, pero en procura de su propia cohesión parece caer en su propia trampa, la de la radicalización en política doméstica. En momentos de competencia encubierta entre Brasil y México por el liderazgo latinoamericano, vale la pena observar cómo estas potencias se moverán para cooperar en una solución política a la crisis venezolana.