martes, 23 de abril de 2013

Strategos #122: Pobre Gestión de Crisis


La declaración de la Unasur en Lima el 18 de este mes, cuando se reunieron de emergencia los jefes de Estado y altos representantes de la organización para discutir la crisis venezolana, parece pensada más para darle a cada bando la oportunidad de decirle a su propia base que el vaso está medio lleno, y no tanto para resolver la situación de fondo. En efecto, y tras un corto efecto analgésico propio de una decisión más pragmática que realista, cada parte de se ha apropiado de una declaración que se los permite por su ambigüedad. Lo cierto es que la Unasur demostró una vez más que la grandilocuencia de sus actos no se corresponde con la efectividad real de sus buenos oficios. Y es que materia de gestión de crisis, la Unasur tiene un corto y torpe desempeño.

La gestión de crisis políticas internas por parte de organismos multilaterales es una de las funciones básicas en una comunidad de seguridad. Más allá del principio de defensa colectiva -según el cual todos los miembros actuarán como una sola fuerza en defensa de alguno de los aliados- o de seguridad colectiva -que dicta cual debe ser la conducta de los miembros y castiga sus desviaciones en materia de integridad del sistema-, una comunidad de seguridad genera, sobre todo, mecanismos de gestión de crisis para controlar la inestabilidad de alguno de sus miembros en procura de valores e intereses compartidos. La forma más contundente de gestión de crisis es la intervención humanitaria con medios militares, pero desde ese drástico nivel hacia abajo se pueden plantear distintas soluciones, pasando por la mediación, los buenos oficios o, en el nivel más bajo, las declaraciones conjuntas.

La magnitud de la crisis venezolana, que es de legitimidad en tanto crisis de credibilidad, supera los limitados esfuerzos de la Unasur. Llama especialmente la atención que Brasil, potencia central y principal promotor de la organización, se haya autodescalificado como gestor de la crisis. Brasil tiene aspiraciones de potencia global, y eso, en un mundo multipolar e inestable, no sólo se consigue con un dimensiones demográficas, espaciales, económicas y militares destacables, sino además convenciendo al resto de los Estados sobre su indispensabilidad. Esto es especialmente cierto cuando se quiere alcanzar dicho estatus oficial a través de un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Para la Unasur en general las gestiones de crisis en los casos de Paraguay y de Venezuela han sentado dos precedentes que socaban las bases de una comunidad de seguridad en construcción. La noción de inhabilidad política que rodea a la organización no hace sino reforzar la idea de la unilateralidad, lo que resulta en un flaco favor para la democracia, pero también para las aspiraciones colectivas de estabilidad, y las particulares de hegemonía regional.