martes, 30 de abril de 2013

Strategos #123: Del Alba al ocaso


La primera administración de George W. Bush heredó de la era Clinton un ambicioso proyecto de integración económica que pretendió conectar al hemisferio entero bajo los principios de democracia liberal, derechos humanos y libre mercado. El Área de Libre Comercio para las Américas (Alca) parecía el punto cumbre de la primacía americana en esta parte del mundo, pero con el cambio de siglo se hizo evidente que dicha primacía sería seriamente contestada por múltiples fuerzas a distinto nivel. El 11 de septiembre y el auge de potencias rivales debilitaron la frágil unipolaridad. El efecto en nuestra región fue un vacío de atención y presencia efectiva que, junto con las crisis de la década anterior, dio libertad a movimientos que una vez más estarían inspirados por Cuba, pero en esta oportunidad se desarrollarían con las peculiaridades de la globalización avanzada y la multipolaridad.

En ese marco surgió la “Revolución Bolivariana”, y su más contundente demostración de poder hemisférico fue en 2005 en Mar del Plata, cuando se “enterró” al ALCA. Un año antes había nacido en la isla de Margarita la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), una idea surgida de la alianza entre Cuba y Venezuela con el fin de expandir el proyecto continental revolucionario y hacer el contrapeso a los Estados Unidos. En poco tiempo la ALBA creció, pero siempre con dos condiciones que limitaron su poder: los Estados cuyos gobiernos muestran adherencia a la organización son potencialmente menos poderosos de Venezuela, y sus miembros no tienen fronteras comunes, es decir, carecen de unidad geopolítica. No obstante su evolución la llevó a cambiar de nombre y de naturaleza, asumiéndose como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, y aunque Ecuador se resistió por más de un año en asumirla así, y Bolivia logró incluir la fórmula de “Tratado Comercial de los Pueblos”, La Habana y Caracas impulsaron un mecanismo de defensa colectiva, es decir, militarizaron a la ALBA.

Como punta de lanza de la Revolución Bolivariana en el exterior, la ALBA ha tenido que coexistir con organismos emergentes como Unasur y la Alianza del Pacífico, y en medio de éstas juega un rol marginal. Su declive comenzó con su contracción de 2009, la salida de Honduras luego de la destitución de Manuel Zelaya, y sufrió una herida letal con la muerte de Hugo Chávez. El fin de semana Nicolás Maduro viajó a La Habana en su primera visita oficial al extranjero como presidente juramentado. Siendo Cuba y Venezuela el núcleo dual de la Alba, cabría esperar que dicha visita fuese una revitalización de la alianza, pero la debilidad de la mayoría de sus miembros, casi todos clientes políticos y subsidiarios ideológicos que poco aportan, o la abierta autonomía del Ecuador de Rafael Correa, impide contar con la Alba en un momento de crisis como el actual. No ha habido mayor presencia y sus declaraciones conjuntas no parecen ser relevantes ni marcar diferencia. Todo indica que, aun manteniéndose el sistema de dependencia y subsidio hacia sus miembros menores, la Alba está en pleno ocaso.