jueves, 18 de abril de 2013

Taktikos: ¿Qué esperar de Unasur?



Cuando en Venezuela se escucha “Unasur” se piensa en Hugo Chávez y su proyecto de “revolución bolivariana”. Se asume de entrada que es un foro creado por y para la Venezuela chavista, y en donde ninguna oportunidad tienen las fuerzas democráticas de la región. Pero esa percepción merece dos precisiones: la primera, Unasur fue fuertemente impulsada por Chávez con los recursos económicos y diplomáticos de Venezuela bajo una concepción de integración política de la “patria grande”, pero los contornos de la iniciativa los modeló Brasil. La geopolítica brasileña limitó el alcance de la organización a América del sur, lo que contradice la hipótesis de la geopolítica bolivariana, que incluye a Centroamérica, y sobre todo, a la cuenca del Caribe. Unasur es un proyecto colectivo, pero que responde de manera especial al interés brasileño. Lo segundo, la disparidad de visiones ideológicas y de interpretaciones gubernamentales de los intereses nacionales, hacen que Unasur no tenga un carácter monolítico, a pesar de los esfuerzos de Brasil por imponer una hegemonía blanda.

Suramérica podría ser dividida hoy en tres bloques disímiles que conviven incómodamente en Unasur: Alba (Venezuela, Ecuador y Bolivia como miembros plenos, Surinam como invitado y una relación favorable con Guyana); Mercosur (Brasil, Argentina y Uruguay, con Paraguay suspendido y Venezuela con reciente ingreso pleno); y la Alianza del Pacífico (Chile, Perú y Colombia). Mientras la Alba está contrayéndose por la crisis de liderazgo en Venezuela, la política autónoma de Ecuador y la debilidad del resto de sus miembros, y el Mercosur presenta una etapa de estancamiento, con tensiones comerciales y políticas internas, la Alianza del Pacífico, por su parte, se proyecta como el bloque más próspero del continente y con mejor situación geopolítica hacia la región de mayor crecimiento económico mundial: Asia-Pacífico. La Alianza del Pacífico es, además, un esfuerzo por quebrar una potencial hegemonía brasileña y una vuelta al concepto amplio de Latinoamérica con la inclusión de México.

Esta noche se reúnen en Lima jefes de Estado y altos representantes de once de los doce países miembros de Unasur (con excepción del suspendido Paraguay). La cumbre es extraordinaria y fue convocada por Ollanta Humala en su condición de presidente pro tempore de la organización. La masiva participación de jefes de Estado y el interés que ha despertado, además de lo expedito de las respuestas de los convocados, hace entender que Perú hace la convocatoria por razones formales, pero luego de un cauteloso proceso previo de consultas diplomáticas. Es decir, mientras las cancillerías felicitaban a Maduro, en paralelo preparaban la cumbre. El tema a discutir es polémico en su propia formulación inicial: la crisis en Venezuela. Para un gobierno que se pretende iniciar en medio de serios cuestionamientos sobre su legitimidad, una cumbre sobre su crisis de gobernabilidad no resulta de mucha ayuda. Mientras que desde Caracas el gobierno en ejercicio pugna por imponer un ambiente de normalidad postelectoral, en Lima se ventilarán los riesgos propios de esos cuestionamientos y de las posiciones tomadas en Venezuela. La convocatoria en sí misma le hace un flaco favor al nuevo líder nominal del chavismo.

Pero, ¿qué se puede esperar de la cumbre la Unasur? Más de lo que creen los pesimistas y menos de lo afirman los optimistas. Todos los convocados ya han manifestado, de un modo u otro, sus felicitaciones formales a Maduro como presidente electo. Si esto es así, ¿por qué la cumbre de emergencia? Primero, porque la diplomacia establece protocolos que obligan a ciertas acciones automáticas con el fin de preservar las mejores relaciones entre gobiernos. La formalidad no implica, necesariamente, acuerdo o convencimiento, es un asunto de mejores prácticas y cordialidad diplomática sobre la base del interés común de la convivencia internacional. Segundo, porque hay un pulso en la región entre las fuerzas organizadas en los bloques ya mencionados. No debemos esperar un cambio político drástico, pero si al menos el reconocimiento de una crisis de gobernabilidad por fallas de legitimidad en Venezuela, lo  apunta a generar un movimiento político de envergadura en la región. El chavismo post-Chávez luce debilitado de acuerdo a los propios resultados oficiales y eso crea las condiciones para comenzar a pensar en una potencial transición en la que algunos gobiernos desearían estar en la mejor posición posible. La razón política asiste a los que creen que los miembros de la Unasur prefieren la vía conservadora de apoyar bajo las actuales circunstancias al gobierno en ejercicio de Venezuela. Pero el mismo realismo que exhiben también sirve para argumentar que ante un gobierno de cuestionada legitimidad en medio de una crisis de gobernabilidad, asumir posiciones definitivas es una acción que sólo conviene a los muy comprometidos, lo que no es el caso de la Alianza del Pacífico, del ambiguo Ecuador, ni de la potencia brasileña.

El mismo viernes 19 de abril se dará una lectura más exacta de los hechos, tomando como primer indicador la asistencia de los jefes de Estado a los actos de toma de posesión. La asistencia a la cumbre de Lima se prevé concurrida, pero no todos han confirmado la asistencia a la toma de posesión en Caracas. Hoy Maduro ha salido a Lima como un intento de ejercer presión dentro de la organización y de evitar el viaje de Capriles y sus gestiones políticas directas. No obstante, cuesta creer que la Unasur se comprometerá con una declaración de apoyo irrestricto a Maduro. El balance de poder dicta que la decisión más probable sea una exhortación moderada al diálogo político en Venezuela, pero sin descartar la posibilidad de inclusión, en el lenguaje más diplomático, de consideraciones acerca de la necesidad de revisar las observaciones acerca de las irregularidades planteadas por la oposición. La cumbre de la Unasur es un episodio más en la lucha venezolana, y su resultado político real, contrario a los que se pueda creer de antemano, no está garantizado para ningún bando.