martes, 7 de mayo de 2013

Strategos #124: Bloques en Pugna


No hay región del mundo que hoy esté experimentando transformaciones geopolíticas tan aceleradas como las que presenta América latina. Éstas no se manifiestan en forma de posicionamiento militar de grandes potencias, como en Asia-Pacífico, o de cruenta guerra, como en Medio Oriente, sino de complejos alineamientos diplomáticos y geoeconómicos, pero además con una importante inspiración en uno de los temas más importantes del temprano siglo XXI, el concepto de democracia. El escenario principal es Unasur, y los actores están divididos entre los miembros de Mercosur y los de la Alianza del Pacífico. En el medio como un pulso diplomático en este proceso se encuentra la actual crisis de gobernabilidad de Venezuela.

Dados los elementos que ofrecimos la semana pasada en esta columna (Del Alba al ocaso, 30/04/13), dejaremos en un plano secundario a la Alianza Bolivariana, para concentrarnos en el tratamiento que los dos grupos de Estados ya mencionados otorga a la crisis nacional. Lo primero que debemos advertir es que los tiempos geopolíticos generalmente no se corresponden con las aspiraciones de los individuos, y el lenguaje diplomático debe cuidar delicados intereses políticos, es por eso que la primera reacción intuitiva ante la declaración de la Unasur no fue mayoritariamente optimista en el bando opositor venezolano. La fórmula de auditoría limitada que ofreció el CNE terminó de enterrar la confianza en la declaración, pero en menos de un mes las reacciones en la costa del Pacífico nos confirman que efectivamente la pobre gestión de crisis de la Unasur es insostenible si no hay seguimiento a las decisiones colectivas.

Peña Nieto mantiene distancia, pero el PRI hace seguimiento abierto de la situación en Venezuela en el Congreso; Santos hace malabares para sostener la facilitación de Cuba y Venezuela en el diálogo con las Farc, pero se retiró temprano de la toma de posesión de Maduro y los expresidentes Pastrana y Uribe elevan el costo de esa política; Humala recibe presiones desde el parlamento peruano y ya su gobierno comienza a manifestarse de forma crítica; y Piñera, el más frontal de los presidentes en esta situación, autorizó a su canciller para estudiar la crisis venezolana con su homólogo peruano. Mientras tanto, Brasil, y con éste el Mercosur, mantiene un silencio que pone en tela de juicio su hipotético liderazgo como potencia a las puertas del Consejo de Seguridad de la ONU.

La Alianza del Pacífico es un bloque que, en conjunto, es mayor que Brasil en todas las dimensiones atribuibles al poder potencial, con una ubicación privilegiada hacia la región de mayor crecimiento en el mundo, y que parece comprometido con la democracia liberal. En contraste, Mercosur apenas se presenta como un esquema fragmentado que apenas representa la esfera de influencia de una potencia emergente de dudoso liderazgo. La crisis venezolana comienza a develar en la práctica una realidad geopolítica regional que intuíamos, pero que ahora se hace patente.