martes, 21 de mayo de 2013

Strategos #126: La paz es la guerra

El lanzamiento de misiles de corto alcance en la costa este del Corea del Norte, frente al Mar de Japón, es el detonante de una nueva crisis en el noreste asiático. Las crisis diplomáticas que incluyen movilización militar de grandes potencias como los Estados Unidos y China, y de poderes regionales como Corea del Sur y Japón, son recurrentes en torno a la política exterior de defensa del régimen norcoreano. Hay varias hipótesis sobre esta conducta radical y anti-sistema. Una es que Pyongyang tiene una agenda revolucionaria como un Estado socialista comprometido con las tesis del cambio del orden mundial; otra es que se prepara para forzar la anexión de Corea del Sur, así sea por la fuerza; también se ha argumentado que se utilizan las crisis para poner orden en casa y hacer los ajustes necesarios que convengan al líder norcoreano y a su círculo íntimo
; y hasta se ha llegado a presumir que China esté detrás de esa conducta para presentarse ante el mundo como la barrera indispensable para contener la locura suicida del régimen de los Kim. Todas las hipótesis tienen algún grado de veracidad y son perfectamente combinables, pero cuando vamos a la búsqueda de factores más profundos descubrimos que Corea del Norte solo puede subsistir en un Estado de guerra permanente.

El escritor británico George Orwell (Eric Arthur Blair), describió al totalitarismo más perfecto a través de su obra 1984, siendo la máxima expresión el lema de la potencia ficticia de Oceanía: “La guerra es la paz. La libertad es la esclavitud. La ignorancia es la fuerza”. Sin entrar en detalles sobre la interdependencia de cada parte del lema, quedémonos con “la guerra es la paz”. Para el más cerrado sistema totalitario del mundo, el permanente estado de guerra es fundamental para su gobernabilidad. El control político en una sociedad cerrada se establece a través del miedo, y la guerra es la clave para sostener dicha pasión. La guerra es tratada por la filosofía política moderna como un instrumento racional para alcanzar objetivos de alto valor; pero como contrapartida, es también una realidad humana signada por la austeridad, las restricciones, el temor y la muerte. Es el miedo a la guerra civil y sus consecuencias la base de orden político, y es la guerra internacional el mecanismo predilecto de los regímenes cerrados para imponer un criterio único. En el caso norcoreano, la guerra tiene ambas caras, una guerra civil entre dos facciones de la nación coreana, y una guerra internacional de resistencia contra el imperialismo. La función que la guerra tiene para Norcorea es central para el sostenimiento del régimen, por lo que las crisis indefinidas son parte de la más importante política de ese Estado.