martes, 4 de junio de 2013

Strategos #128: Colombia Juega Duro

A mediados de la semana pasada, por invitación de la Friedrich Ebert Stiftung, su Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales (FES-Ildis) y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) sede Ecuador, tuve la oportunidad de asistir en calidad de ponente a un seminario de expertos en Quito sobre el liderazgo regional de Brasil. Mi primera impresión fue antes de llegar a la conexión en Bogotá en el vuelo de Avianca, y esta fue la campaña de marca-país que hace Colombia con su video “Colombia: un lugar lleno de respuestas”. Ese mismo día Santos recibió a Capriles, en una maniobra política que obligó al gobierno de Maduro a exasperarse para luego, impotente, retraerse. La noche de ese miércoles, y durante todo el día siguiente, fue inevitable para mí y para el resto de mis colegas, en especial los brasileños, hablar de la Alianza del Pacífico y del duro golpe que ésta suponía para Brasil y su proyecto geopolítico. Al final de la semana, en domingo pasado, Santos anunció la intención de Colombia a ser parte de la Otan.

Bogotá está respondiendo al poder de Brasilia. Esto no es nuevo, ya Uribe se había convertido en un crítico acérrimo de la Unasur, llegando a cuestionar públicamente la necesidad de tal organización. Estimó aquel gobierno que era mejor estar dentro y no fuera del proyecto. Por dar un ejemplo sobre la rivalidad: Brasil -valiéndose de una relación especial entre Chávez y Lula, y de una mayor capacidad industrial- desplazó a Colombia como segundo socio de Venezuela. Pero Colombia no cejó en su esfuerzo por responder a Brasil, y sabiendo que no podía hacerlo sola, conformó la Alianza del Pacífico con Chila, Perú y, lo peor para el gigante suramericano, México, la mayor potencia hispánica, rompiendo el mapa geopolítico que Brasil quería mantener en los confines de Suramérica con la Unasur y el Mercosur.


Colombia no tiene la capacidad para competir como un igual ante Brasil, pero ha demostrado que tiene la habilidad diplomática, la ventaja geográfica y el potencial para atraer aliados. Esta misma habilidad le ha permitido quebrantar los principios de la tregua política con Venezuela sin que esta pueda responder a riesgo de perjudicar su aislamiento relativo y su abastecimiento de productos colombianos. Asimismo, será muy difícil que Colombia ingrese a la Otan como algo más que un miembro no-aliado, pero el estatus que tendrá a partir de junio pondrá en manos de su presidente una palanca estratégica que, integrada a su posición en el arco andino-pacífico, incrementará el poder de ese Estado, consolidándose como un límite a otros proyectos regionales.