martes, 11 de junio de 2013

Strategos #129: El Gran Dilema

Algunos presidentes de los Estados Unidos han dejado su legado en la política exterior de esa gran potencia, y el caso de Obama parece ser uno de esos. Será difícil para los historiadores de las relaciones internacionales determinar en su momento si fue un giro que dependió de la personalidad e idiosincrasia del líder, o si fueron los factores estructurales de la multipolaridad emergente los que dieron a la política externa estadounidense el carácter que posiblemente asuma. El realismo, como marco referencial para estudiar y actuar en política internacional, se encuentra en tensión, pues para ser la nación líder del mundo se necesita avanzar sobre intereses propios, pero además saber cuando los valores se hacen importantes. Allí el dilema actual de Washington.

El presunto uso de armas de destrucción masiva por parte del gobierno sirio en la guerra civil que azota a ese país, coloca a Obama frente a un episodio muy especial de este dilema. Su administración ha sostenido una política de “liderazgo desde la retaguardia” que, junto a la doctrina del poder inteligente y la tendencia al compromiso selectivo, han conducido a los Estados Unidos a ser una columna logística para los esfuerzos estratégicos de sus aliados de la Otan en escenarios como Libia o Costa de Marfil. Asumir los costos políticos del liderazgo occidental no parece estar en la agenda de Obama. Diferenciarse de la política de Bush ha sido un objetivo casi obsesivo para el actual gobierno norteamericano, y tiene importantes razones para ello, el unilateralismo en una etapa multipolar puede ser suicida, ¿pero puede una potencia de las dimensiones y con la carga ideológica e histórica de los Estados Unidos renunciar al liderazgo?


El realismo, visto como simple pragmatismo, tiene sus límites. La política más realista es aquella que contempla la posibilidad de no atender a los requerimientos del interés inmediato aparente, sino de los valores más trascendentales. Esto, claro está, no se puede aplicar a todo Estado en todo momento, es un realismo para grandes potencias con un significado que marca la historia de la humanidad. Obama se enfrenta al dilema que posiblemente no pueda resolver en los pocos años que le quedan en la Casa Blanca, y la inacción a la que está tentado a acudir podría traer peores consecuencia que la precipitación, nos tememos. Volviendo al caso de Siria, y para finalizar, muchas veces hemos advertido sobre lo inconveniente de una intervención militar en dicha guerra, mas las visiones del estadista y del científico no siempre coinciden, y en algunos casos pueden ser opuestas. No es una decisión sencilla, por eso todo dilema político es un reto al liderazgo, cuya labor es decidir, porque cualquier decisión tiene consecuencias indeseables.