martes, 25 de junio de 2013

Strategos #131: Crecimiento y Corrupción

Las causas de las protestas masivas en Brasil y Turquía parecen ser muchas más de las que se puedan reseñar por los medios internacionales. Desde aumentos en servicios públicos hasta demandas por libertades civiles y políticas, forman parte del coctel. Pero sin duda la corrupción es parte importante de esa mezcla explosiva que está arrastrando a las clases medias en ascenso a las calles. Y es que brasileños y turcos, cada uno a su propio ritmo, vienen experimentando un vertiginoso ascenso social, y sus países se ha hecho económicamente más competitivos y políticamente más influyentes en sus propias regiones. Pero esa bendición no ha venido sola, está acompañada por alto niveles de corrupción, y cuando éstos dejan de ser tolerados por la población socioeconómicamente ascendente, el efecto es perturbador por los gobiernos.

¿Hay una relación entre crecimiento y corrupción? Sí la hay, el problema es que su estudio no resulta concluyente por dos razones: la primera, los criterios de transparencia en la gestión pública que hoy manejamos, así como la metodología para medirlos, son relativamente recientes, por lo que no resulta posible contar con datos históricos para saber si en su proceso de crecimiento y desarrollo las sociedades que hoy gozan de mejores estándares de vida fueron o no altamente de corruptas; la segunda, si bien el crecimiento parece venir acompañado de corrupción, no siempre la corrupción viene acompañada de crecimiento, como lo es en tantos casos que nos son familiares. Pero la clave es identificar los vínculos, y aunque de seguro hay muchos más, los más evidentes son la flexibilidad y la abundancia. La flexibilidad es la habilidad que deben tener las economías emergentes para tomar decisiones rápidas, pasando por encima de engorrosos procesos de control. Esta cualidad de gestión ejecutiva brida grandes oportunidades para la competitividad, pero también para la arbitrariedad. La abundancia es una condición típica de los emergentes, que disponen de factores de producción a bajo costo, y si a esa condición añadimos la flexibilidad en los procedimientos administrativos el resultado es un acelerado crecimiento acompañado de galopante corrupción.


El dilema está en si hay que sacrificar altas cuotas de crecimiento, que se podría traducir en bienestar social y poderío en la arena internacional, en nombre de la transparencia y los debidos procesos, o si el crecimiento que podría llevar a los países emergentes al desarrollo es un fin tan preciado que justifica algunos males derivados de la corrupción. La clave para resolver el dilema es la institucionalidad, el problema es que cuando un país se considera emergente carece de instituciones y prácticas adecuadas, por lo que la represión se convierte en un instrumento inmediato, y eso, al parecer, es lo que seguiremos viendo en esta década.