martes, 2 de julio de 2013

Strategos #132: Espejismo de Libertad

¿Por qué el caso Snowden y el de las manifestaciones en el mundo son tan llamativos? ¿Están vinculados uno y otras? Todos representan, en más de un sentido el complejo ímpetu de nuestros tiempos. Nuestra multipolaridad globalizada, con sus desbalances y autonomías, nos confronta con un orden complejo que combina lo brutal de la Realpolitik con los juicios morales derivados del triunfo ideológico de la democracia.

Realismo político y democracia (entendida en su sentido ideológico) son como agua y aceite. Mientras el primero pone el acento en los intereses, la segunda lo hace en los valores. Y mientras que los gobiernos tienen la tendencia natural a llevar las cosas al terreno de realizaciones y prácticas políticas concretas, con el objetivo en el poder, los ciudadanos bajo la influencia moral de la democracia buscan efectos conducentes al bienestar y la reducción del siempre autoritario peso del Estado. El caso Snowden revela la importancia que la opinión pública tiene sobre los asuntos políticos. Una potencia como los EE.UU. trata de controlar daños a través de una cacería del personaje que pone en entredicho su genuina convicción en los valores democráticos. En el caso de las manifestaciones públicas, los ciudadanos alrededor del mundo muestran su insatisfacción ante el desempeño de sus Estados. La paradoja es que en el caso Snowden los defensores emergentes se caracterizan por su pobre desempeño democrático, y las manifestaciones tienden a exigir más presencia del Estado, en lugar de reducir sus atribuciones y poderes.

Así, mientras que hace una generación los optimistas dijeron que estábamos en los albores de un triunfo definitivo del liberalismo, hoy los realistas tenemos que decir que estamos en una era de mayor estatismo en el que la el factor democrático aporta elementos demagógicos. En el espíritu de lo que advirtió Ortega y Gasset en el temprano siglo XX, como un niño que no sabe muy bien qué quiere, pero tampoco tiene la paciencia para detenerse a pensarlo, la humanidad reclama al Estado su injerencia y su obsesión por el poderío y el prestigio, y para ello no se le ocurre otra cosa sino clamar por mayor asistencia estatal, sea del Estado propio o de uno extranjero. Esta paradoja garantiza la continuidad de las estructuras de poder en tanto la sociedad reniega de sus herramientas de control, sobre todo del mercado, y se lanza en una cruzada por exigirle al Estado más Estado.


La multipolaridad se ha encontrado hoy con la tecnología necesaria para apalancar su dinámica de espionaje político-militar y control soco-económico, mientras que el mercantilismo, con sus ribetes paternalistas contemporáneos, se convierte en la forma predilecta de economía política aplicada. Contrario a las apariencias, el complejo orden actual no es favorable a las libertades del individuo.