jueves, 11 de julio de 2013

Strategos #133: Misión Snowden

Una de las primeras reglas para el análisis político es tan útil como polémica, y es que el analista siempre debe presumir la racionalidad de los sujetos que toman las decisiones. Es una regla útil porque traza una línea recta entre los intereses supuestos y las decisiones tomadas, pero también es polémica, ya que toda decisión política es propensa a estar distorsionada por valores, creencias ideológicas, limitaciones intelectuales o fallas en la información. A pesar de lo anterior, nos apegamos a la regla para deducir qué busca el gobierno venezolano con la oferta de asilo humanitario propuesta a excontratista de inteligencia estadounidense Edward Snowden. ¿Por qué ahora que Caracas y Washington comienzan a aproximarse, Nicolás Maduro decide una maniobra como esa? ¿En qué es útil Snowden para el régimen venezolano?

Las decisiones de política exterior son procesos a dos niveles: mientras se juega en el tablero internacional no se debe descuidar el tablero nacional. Una falla en uno podría ser explotada por los adversarios en el otro y convertir una decisión en un fracaso político. El gobierno de Maduro está enrumbado hacia la normalización de las relaciones con los EEUU, y para conseguir que los embajadores ocupen nuevamente sus cargos en la capital del otro país, la Cancillería venezolana y el Departamento de Estado estadounidense han venido haciendo acercamientos desde mucho antes de la muerte de Hugo Chávez. Para la gobernabilidad de la Venezuela actual este acercamiento es vital, en tanto Maduro es visto por propios y extraños como el presidente de un gobierno fragmentado que no goza de plena legitimidad. Cerrar frentes es una tarea existencial, sobre todo cuando la dependencia con respecto a los EEUU no ha hecho sino crecer y en momentos en que el régimen venezolano se modera ideológicamente para sobrevivir. Pero la base ideológica más radical podría resentir este “giro a la derecha”. Cuba lo ha venido haciendo a expensas de una consolidada épica revolucionaria que libra a sus jerarcas de sospechas revisionistas, pero la historia de revolución bolivariana no es épica, y se podría decir que es bastante corriente en cuanto a sus procedimientos electorales burgueses. Sin ese escudo que proteja de las fricciones de la maniobra, es necesario mostrar algún elemento de irreverencia, y allí entra Snowden.


Es una decisión racional porque la Rusia de Putin comprometió a Snowden y a su Estado receptor a guardar silencio. Como una pieza de negociación, el antiguo funcionario de inteligencia quedará resguardado para ser usado sólo si fuese necesario. La Venezuela de Maduro, por su parte, podrá mostrar que no ha dejado de ser contestataria con respecto a Washington y sus aliados europeos. Maduro usaría a Snowden para confirmar que es “el hijo de Chávez”, mientras estabiliza interna y externamente su gobierno.