lunes, 26 de agosto de 2013

Entrevista a la Revista Buzos: Egipto podría estar al borde de una guerra civil

Ana de la Cueva
Revista Buzos, México 

En tan sólo cuatro días, más de 890 personas, de acuerdo con cifras de las autoridades, han muerto en Egipto. Los Hermanos Musulmanes (HM) han denunciado que las víctimas de la violencia se cuentan por miles y aseguran que 200 perdieron la vida en un solo día. Los más recientes enfrentamientos son consecuencia del desalojo, por parte del ejército egipcio, de los campamentos que habían instalado los simpatizantes del derrocado presidente Mohamed Mursi desde hace seis semanas en El Cairo, la capital del país. En este operativo, informó el Ministerio de Salud, 15 manifestantes murieron y 203 resultaron heridos,
cinco oficiales de seguridad perdieron la vida y 29 sufrieron lesiones. La hermandad musulmana desmintió
las cifras oficiales al asegurar que la redada provocó la muerte de al menos 200 inconformes; desde entonces no cesa la violencia. Al cierre de esta edición, decenas de personas fueron desalojadas de la mezquita en la que se habían atrincherado. En respuesta, la hermandad desafió a la autoridad militar al convocar a más jornadas de protesta e inconformidad por el derrocamiento de su primer Presidente electo por la vía democrática, mientras las autoridades decretaron el estado de emergencia y el toque de queda en varias zonas egipcias. Además, la Presidencia aseguró que Egipto se encuentra en “guerra contra el "terrorismo” y acusó a los manifestantes islamistas de ser “fuerzas extremistas”.

Lucha de fuerzas

Egipto vive uno de los peores momentos de su historia reciente. El derrocamiento de Husni Mubarak, Presidente de Egipto durante más de tres décadas, sembró entre la población la esperanza de que vendrían cambios significativos en el país. Uno de éstos fue la convocatoria a elecciones parlamentarias y presidenciales, en las que resultó electo Mohamed Mursi, candidato de los HM, quien tomó el poder el 30 de junio de 2012; pero luego de un año de Gobierno, el mandatario no logró cumplir con algunas de sus promesas y tampoco satisfizo las expectativas del pueblo y del ejército. “Los principales errores que cometió fueron la búsqueda, a toda costa, de la centralización del poder público en sus manos, alejándose de los reclamos de quienes abrieron el camino democrático en Egipto después de la Primavera árabe; un segundo error fue competir directamente con el ejército, lo que en definitiva fue su sentencia de muerte política”, explicó a buzos el licenciado Ariel González Levaggi, director ejecutivo del Centro Argentino de
Estudios Internacionales. 

Durante su breve mandato fue acusado de expandir poderes a su favor –el decreto que le daba un poder casi absoluto fue anulado el 9 de diciembre de 2012; luego enfrentó la oposición al referéndum que convocó sobre una nueva Constitución; y durante el primer aniversario de la caída de Mubarak se registró una jornada de violencia que se prolongó cinco días. “Mursi trató de buscar la manera de mejorar la situación económica del país, incrementar las oportunidades de trabajo para la gente. Pero no le fue fácil. Mucha gente esperaba que pudiera dar un margen de negociación y de espacio para incorporar a los grupos que 
no estaban con los HM; es decir, que quizá les diera juego político para que se incorporaran en unas de las actividades, consultas; que tomaran en cuenta, pues, la posición de los modernistas, de los jóvenes, de los coptos. “Mucha gente siente que en lugar de hacer eso se dedicó a promover cambios, reformas que reforzaran más bien la posición política de la hermandad y del movimiento islamista. Creo que ésa es la crítica más fuerte que se le ha hecho a Mursi. Que no tuvo la habilidad ni los recursos suficientes para lograr 
mejoras significativas en términos económicos ni políticos para promover un acercamiento con la oposición 
y, de alguna manera, también se le acusa de despreciar la fuerza que ellos representaron”, puntualizó el doctor David Sarquis Ramírez, profesor del Departamento de Estudios Sociales y Relaciones Internacionales del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), campus Estado de México. 

Ante esto, el ejército lanzó la primera y única advertencia: si continuaba la grave crisis que atravesaba el país, se avecinaba “el colapso del Estado”. ”Los militares nunca dejaron el poder. Lo que hicieron fue dejar la Presidencia, pero se mantuvieron como una fuerza muy importante durante este corto 
mandato de Mursi”, agregó Víctor M. Mijares, politólogo especializado en seguridad internacional y análisis de riesgo político, en entrevista con buzos. Entre marzo y junio de 2013 se vivió una tensa calma en el país africano, hasta que el 30 de junio millones de personas salieron a las calles para derrocar al presidente Mursi, quien cumplía un año en el poder. Al día siguiente cuatro ministros renunciaron. En esa misma jornada el ejército fijó un plazo de 48 horas al Gobierno y a la oposición: o se resolvía la crisis que hasta entonces 
habían generado cientos de miles de personas inconformes o los militares darían su propia solución al conflicto. La respuesta fue contundente. El entonces Presidente (Mursi) rechazó el ultimátum del ejército.
Cuarenta y ocho horas después el diario estatal egipcio Al-Ahram informó en su sitio de Internet que el ejército le había comunicado a Mohamed Mursi que ya no era el jefe de Estado. A él y a otros líderes islamistas se les prohibió salir del país. El 4 de julio Adli Mansur asumió la Presidencia interina de Egipto. El mismo día se ordenó la detención de todos los líderes de la hermandad. “Yo creo que el golpe de Estado fue definitivamente un mal cálculo político. Ciertamente la situación no había mejorado con la elección de Mursi, pero nadie en su sano juicio diría que un año es suficiente para componer los problemas históricos que arrastraba Egipto”, consideró Sarquis Ramírez. Desde su punto de vista, esto “manda muy mala señal a todo el movimiento islamista del Medio Oriente, porque sencillamente señala que para los musulmanes la democracia no es una puerta abierta. ”Por lo menos se debió haber permitido que Mursi completara su 
periodo; no por él, no por el movimiento musulmán, sino por mostrar que el proceso del cambio democrático es serio y que todos los que participan en él tienen una oportunidad. Ahorita lo que los islamistas están viendo es que a ellos se les ha cerrado de manera violenta el acceso a participar en el juego de la democracia, entonces la única opción que se les deja es volver a la violencia, a la clandestinidad, ésas nunca son buenas noticias para nadie”, advirtió el catedrático del ITESM. 

Lo que el ejército no imaginó fue la continuidad del movimiento de la hermandad. El 8 de julio, el brazo 
político de esta organización llamó a un levantamiento popular en contra del ejército. Esto ocurrió después de que los soldados abrieran fuego contra los partidarios del derrocado presidente Mursi, que se habían reunido en el edificio donde supuestamente se encontraba detenido. Mursi fue capturado por el ejército 
el 26 de julio, acusado de secuestro, asesinato de soldados y otros cargos. La violencia estalló nuevamente 
el 14 de agosto, cuando los militares irrumpieron en dos extensos plantones de los partidarios de Mohamed Mursi. “En el caso de Egipto no hay control civil sobre las fuerzas armadas; todo lo contrario, las fuerzas armadas son las que tienen, digamos, la última palabra y se han convertido en el primer partido político de Egipto y eso lo siguen manifestando ahora por todos los medios posibles, incluso a través de la violencia”, afirmó Víctor Mijares, quien también se desempeña como profesor asistente de Ciencia Política en la Universidad Simón Bolívar de Venezuela.

Egipto polarizado

El derrocamiento de Mursi provocó el enfrentamiento entre dos visiones opuestas que ahora están luchando por el poder; sin embargo, éstas existían desde antes, de acuerdo con especialistas consultados por buzos. 
Basta recordar los resultados de las elecciones presidenciales en las que ganó Mursi: el candidato de los HM obtuvo el apoyo del 51.7 por ciento, contra el 48.3 por ciento de los votos que alcanzó Ahmed ShafiK, el Primer Ministro del último gobierno de Husni Mubarak. La diferencia fue de apenas un 3.4 por ciento.
“El país vivió bajo un régimen dictatorial durante tres décadas y fue un periodo en el que no se veía con mucha claridad la solución a los problemas del desarrollo que planteaba la realidad”, señaló David Sarquis.
Fue así como, desde el punto de vista del politólogo Mijares, “Mursi aprovechó en su momento la posibilidad que se le abrió con un llamado a elecciones para politizar y movilizar a la gente; sobre todo politizarla en cuanto a un eje que es fundamental: la exclusión social; segundo, el tema religioso, que él no trató de tocar, pero que siempre estuvo presente; y tercero, por supuesto, el cansancio, el hastío frente a unas fuerzas armadas que históricamente habían tenido el control”. Como consecuencia, señaló el catedrático de la Universidad Simón Bolívar, “en este momento parece ya inevitable que esa politización se traduzca en la violencia política manifiesta en la masacre del 14 de agosto pasado”.

A decir del doctor Sarquis durante la dictadura de Husni Mubarak se gestaron también dos visiones: “Una 
que apostaba por acelerar el proceso de occidentalización: democratizar, abrir el mercado; y otra que sugería utilizar el rescate del modelo tradicional de los valores de la cultura islámica”. El conflicto en Egipto surgió en el momento en el que no se pudo encontrar un punto intermedio entre estas dos visiones en el que tampoco haya vencedores ni vencidos. “Porque ambos proponen su método para salir de la crisis, y la verdad es que ninguno de los dos ha tenido oportunidad ni tiempo para demostrar que su propuesta es la que va a servir; al cabo de un año los críticos de Mursi dijeron: ´estamos cada vez peor`, le plantearon un reto a Mursi y finalmente lo sacaron del poder”, aseguró Sarquis Ramírez. 

Después del golpe de Estado del 3 de julio pasado, el Presidente interino del país, Adli Mansur, decretó la celebración de elecciones legislativas y presidenciales para principios de 2014. De acuerdo con el calendario, se crearían dos comisiones para elaborar reformas a la Constitución que los islamistas propusieron durante el Gobierno del derrocado presidente Mursi. Cuatro meses después se realizaría un referéndum para aprobar el nuevo texto constitucional.Después de dos meses, en febrero de 2014 aproximadamente, se convocaría a elecciones para elegir nuevo Parlamento y serían los nuevos legisladores los encargados de establecer la fecha para los comicios presidenciales. El plan fue rechazado por la 
hermandad musulmana. “La respuesta es: nosotros llegamos aquí por la vía de un proceso democrático 
y la democracia sugiere que teníamos cuatro años de oportunidad para tratar de enmendar las cosas; entonces, ¿por qué sólo nos dan uno y qué garantías hay de que en un momento dado habrá un nuevo proceso electoral en 2014? Los HM se preguntan: si volvemos a ganar ¿nos van a volver a sacar al año? 
Ése es el problema”, expuso el profesor del Departamento de Estudios Sociales y Relaciones Internacionales del ITESM, campus Estado de México. 

Hacia una guerra civil 

La atención mundial está puesta en Egipto ante el temor de que en cualquier momento estalle una guerra civil. “Existe en este momento ya, por primera vez, una abierta confrontación que incluye la violencia política entre los dos mayores y, yo diría, prácticamente únicos grupos de poder que pueden regir a Egipto y que tienen la fuerza para enfrentarse y para reclamar con algún derecho el monopolio legítimo de la violencia en Egipto”, señaló Víctor Mijares, quien actualmente hace una estadía de investigación doctoral en el German Institute for Global and Area Studies, de Alemania. El experto en seguridad internacional se refiere precisamente al ejército “que ha tenido una presencia en la vida política egipcia central desde la independencia, rige los destinos de Egipto en la práctica; es uno de los ejércitos más fuertes de la región y que tiene, además, larga tradición de gobierno”. La segunda fuerza son los HM que “quizás no tengan la misma potencia histórica dentro de Egipto, pero que se han venido alimentando de factores culturales –el más importante es la religión– y, además de esto, una importante penetración sociopolítica en los sectores marginados, en los que el ejército, y por supuesto las altas esferas del poder, no tienen la capacidad de llegar”, señaló.

La ventaja, en opinión de Ariel González Levaggi, es para el Ejército. “Tiene tres factores claramente a su 
favor: en primera instancia, su cadena de mando que no se ha quebrado sino que ha mostrado un liderazgo sin fisuras detrás del general Abdul Fatah al-Sisi. El poder de fuego del ejército egipcio no tiene grado de comparación con respecto a las fuerzas de la hermandad, cuyas armas son escasas en comparación con 
su peso social y político. ”Por último, el actual Gobierno egipcio y el ejército cuentan con el visto 
bueno de Estados Unidos y los países europeos, cuyo silencio es la señal más patente de la elección estratégica”, declaró el director ejecutivo del Centro Argentino de Estudios Internacionales. “El problema que yo veo, es que cuando estas dos fuerzas están definitivamente convencidas de que tienen el derecho legítimo de gobernar y tienen la fuerza suficiente para enfrentarse y han manifestado ya que tienen la disposición de usar la violencia con fines políticos, podríamos estar efectivamente ante las puertas de una guerra civil”, advirtió el profesor Mijares. 

No se vislumbra, en un plazo breve la solución a la tensión social que vive el país. Un Presidente electo por la vía democrática detenido, la venganza y la ausencia de diálogo es hoy la realidad en esta nación africana.
“Está muy cerca definitivamente”, puntualizó el doctor Sarquis. “Las cosas se han venido agravando; creo que no es del todo sorprendente: de alguna forma el ejército pensó que hablando con los líderes de la oposición a Mursi podrían hacer una sustitución del Presidente electo de manera democrática y empezar 
a trabajar en los problemas económicos (problema de fondo al que no han podido darle solución)”, consideró. 

El producto interno bruto (PIB) se desaceleró un 2.2 por ciento anual entre octubre de 2012 y abril de 2013. Las inversiones cayeron 13 por ciento con respecto al PIB de julio a diciembre del año pasado. La consecuencia de estos desplomes fue un aumento en el desempleo. De acuerdo con cifras de diciembre de 
2012, unas 3.5 millones de personas se encuentran sin trabajo; es decir, el 13 por ciento de la población.
Los disturbios y la inestabilidad en el país han afectado también el turismo, que normalmente emplea al 10 por ciento de la fuerza laboral y que en 2012 representó ganancias por casi 10 mil millones de dólares. Se calcula que el número de turistas ha caído casi en un tercio. De 14 millones en 2010 a 10 millones el año pasado. Al día de hoy los gobiernos de diversos países han emitido alertas a sus turistas sobre los riesgos de viajar a Egipto; el Ministerio de Antigüedades egipcio cerró sitios arqueológicos y museos para protegerlos del saqueo.Una guerra civil en Egipto tendría consecuencias internas desastrosas. Es por ello que, en la opinión de Ariel González, no habrá un conflicto interno de esta magnitud. “El ejército se encuentra en una 
situación óptima para tomar el poder a nivel institucional, pero es casi impracticable en términos de imagen, dada la presión de la opinión internacional. A diferencia de otras épocas, más allá de las capacidades 
que posean, afortunadamente las fuerzas armadas no son bien vistas por Occidente para representar los destinos de los países, aunque sean utilizadas en caso de extrema urgencia para imponer orden. ”En el caso de Egipto es probable que el ‘alto perfil’ de las fuerzas armadas sea reemplazado en unos meses por figuras 
políticas afines al proyecto nacional prooccidental”, visualizó González Levaggi.

Riesgos de contagio

La situación en Egipto también ha puesto en alerta a los países vecinos y a toda la comunidad internacional que permanece atenta al desarrollo de los acontecimientos en este país del norte de África, ya que existe el riesgo de contagio a otras naciones.“Egipto es el país árabe más poblado, con mayor influencia laica y que además compite directamente con Arabia Saudita como líder del mundo árabe”, comentó al respecto el politólogo especializado en seguridad internacional, Víctor Mijares. ”Los partidos que luchen en Egipto van a tener un reflejo en todas las sociedades árabes, en todas las sociedades de la región y hasta en todo el mundo, o al menos en el mundo que está interesado en Egipto. ”Los partidos que luchen en Egipto van a tener su militancia, su apoyo desde fuera y el efecto sería la trasnacionalización de la guerra egipcia, que podría llevar a oleadas de intervención de milicianos, militantes y por supuesto potencias extranjeras que quieran hacer que el balance de poderes en Egipto se coloque o se incline hacia el bando al que ellos apuesten”, adelantó el profesor de la Universidad Simón Bolívar de Venezuela. Libia y Túnez, por ejemplo, países que también vivieron procesos de cambio durante la llamada Primavera árabe, no han alcanzado aún la estabilidad.

En Libia el Primer Ministro interino nombró hace unos días a un nuevo ministro del Interior, el segundo en dos meses. Túnez enfrenta también una dura crisis política. Hace unos meses fue asesinado uno de los líderes de oposición y la Asamblea que fue electa para redactar una nueva Constitución en un lapso de un año, no ha podido concluir con su trabajo. A estas naciones se suma Argelia, que “tiene el recuerdo todavía no muy lejano de cuando los islamistas ganaron el poder vía elecciones democráticas y entró el ejército para sacarlos, impidiendo que el resultado electoral favorable para ellos se convirtiera en una realidad”, recordó 
el doctor David Sarquis.

La frontera con Israel es otro de los puntos críticos. La estabilidad de Israel ha dependido, en gran medida, del acuerdo de paz que firmó con Egipto en 1979. “Siempre existe el riesgo de que para desestabilizar a la región, para golpear al ejército, los musulmanes radicales traten de golpear a Israel”, advirtió el catedrático del ITESM. Desde el punto de vista del profesor Mijares, Israel estaría entre dos guerras: al norte la guerra civil en Siria, que está lejos de concluir; y al sur la que se avecina en el país egipcio; pero también tiene su propia guerra con Palestina. “Israel es un Estado muy pequeño que tiene una tremenda sensibilidad en cuanto a la violencia y que, además, está en una región altamente militarizada, con una altísima densidad en cuanto a gasto militar, en fuerzas armadas, poder de fuego y, además, es una potencia nuclear.” Cualquier sensación de amenaza, de conflicto, de posibilidad de daño a Israel, podría generar por supuesto un movimiento de radicalización de la política israelí, en donde la ortodoxia podría comenzar a elevar su poder político dentro del Parlamento de los sectores de poder y eso es lo que preocupa, sobre todo a Occidente”, sentenció el experto en seguridad internacional y análisis de riesgo político.