miércoles, 11 de diciembre de 2013

Realismo neoclásico y reunificación disciplinaria

En el encabezado de este blog aparezco identificado como Profesor Asistente de Ciencia Política. No obstante, y según mí contrato con la Universidad Simón Bolívar, mi área específica de estudio en el multidisciplinario Departamento de Ciencias Sociales, son las Relaciones Internacionales, e incluso fui hasta este casi mediados de este año encargado de la sección frente al Consejo Asesor Departamental. Además, cuando debo identificar mi principal interés de investigación no dudo en decir: "¡Seguridad internacional!" Todo esto parece un grave caso de personalidad múltiple o de confusa vocación, pero para mí es absolutamente normal, pues son subdivisiones disciplinarias. Dado que lamentablemente no puedo ser un Aristóteles moderno, o un humanista del Renacimiento, debo especializarme según el rigor de la academia moderna. Pero si me preguntan por identidad, sigo siendo un científico político.

En las relaciones internacionales ha habido fuertes tendencias a la autonomía, y diríamos en el incorrecto uso de metáforas políticas, "independencia." Las escuelas española y británica son muestra de ello. En los EE.UU. parece estar dividida la opinión, aunque ahora proliferan los estudios internacionales en niveles de pregrado. En Francia las cosas parecen menos favorables para los "internacionalistas" autonomistas, pues la ciencia política lo cubre todo. En Alemania no se habla de relaciones internacionales con tanta frecuencia como se hace sobre estudios de área, regionales y/o comparados. En Asia (China, Vietnam y Japón) la autonomía parece tener un terreno más fértil, sobre todo por la vinculación entre las burocracias militar y diplomática con el sector de la educación superior. En Venezuela la amistosa tensión entre politólogos e internacionalistas es tan relajada como todo lo demás. Emergen escuelas de estudios internacionales en donde parecía impensable, la educación superior privada, pero debe enfrentarse esta tendencia a la cruda realidad de la extinción de la carrera diplomática profesional. Pero el realismo neoclásico parece tener la capacidad potencial de fortalecer la unidad de la ciencia política. 

El realismo neoclásico, corriente teórica en auge en el campo de estudio de las relaciones internacionales, plantea la refinación del realismo clásico y el neorrealismo. El realismo neoclásico asume que la distribución de capacidades en el sistema internacional (variable independiente) genera respuestas externas del Estado (variable dependiente), pero que éstas varían de caso en caso de conformidad con las percepciones, capacidades y operatividad doméstica del ejecutivo de política exterior (variable interviniente). Teoría del Estado, derecho internacional, psicología, geopolítica, filosofía y sobre todo historia, vuelven a ocupar un lugar privilegiado en el análisis internacional, como lo tuvieron en el realismo clásico. El resultado es un modelo y una agenda de investigación que permite abrir la caja negra del Estado y desplazar la despectiva metáfora de las “bolas de billar” achacada al neorrealismo, sin prescindir de sus valiosos principios analíticos de la política internacional y su tendencia a la incorporación de métodos cuantitativos. 

En mi criterio, el realismo neoclásico tiene el potencial de generar un efecto secundario de gran envergadura: la reunificación disciplinaria de las relaciones internacionales como parte de la ciencia política. Las tendencias y ambiciones de autonomía disciplinaria de las relaciones internacionales frente a la ciencia política están expuestas a posibles y severas consecuencias con el avance del realismo neoclásico. Si se fortalece el modelo teórico realista neoclásico y se alcanzan acuerdos metodológicos, es posible que pronto todos los que vivimos de estudiar la realidad internacional seamos claramente (auto)identificados como politólogos, asumiendo a los estudios internacionales como una etiqueta de especialización.