domingo, 23 de febrero de 2014

Venezuela: el juego no ha cambiado lo suficiente

La verdad es que no soy lector asiduo del blog Caracas Chronicles, pero por lo poco que he visto, y por el perfil de los amigos que comparten y comentan sus entradas, tengo una buena opinión sobre ese proyecto. Es por eso que esta entrada me sorprendió: Venezuela: the game changed last nightNuestras percepciones están sujetas a muchos factores, internos y externos, pero en el blog mencionado, que no deja de ser crítico y tener una posición política clara, esta entrada parece ser una excepción a una línea editorial realista. A ello se suma la preocupación de personas que me han preguntado, retóricamente, cuántas muertes hacen falta para que la "comunidad internacional" se preocupe por Venezuela. 

Conscientemente o no, los conflictos compiten por espacios en la prensa mundial, y lo hacen, como en el comercio internacional, con sus ventajas comparativas y competitivas. Hoy no se sabe cuál puede ser el destino de Ucrania (pivote geopolítico crucial en la tensión entre Rusia y Occidente). La guerra civil no está descartada. Las protestas arrecian en Tailandia (en una zona del mundo sobre la que depende buena parte de la manufactura mundial y en la periferia de China), hay fuertes manifestaciones por la censura en Turquía (cualquier cosa que se diga sobre la importancia de Turquía para la política internacional podría ser poco), la guerra en Siria (corazón de Oriente Medio) sigue su ritmo y ninguna potencia está dispuesta a abandonar a su propio bando en el terreno. Muchos no se enteran que hay un genocidio en marcha en la República Centroafricana (con un terrible potencial de contagio por sus implicaciones religiosas). Y ahora (para colmo, pensarán muchos) es posible que asistamos al inicio de un nuevo ciclo de protestas en Brasil (potencia regional suramericana y emergente mundial) a causa de la corrupción y el gasto que ha implicado la organización de la Copa del Mundo. 

Venezuela es un Estado importante, sobre todo para la dinámica latinoamericana, pero repasemos algunos hechos: su peso en el mercado petrolero internacional ha venido disminuyendo; su aporte al mercado energético estadounidense viene siendo regular y seguro; se respetan las inversiones de las grandes potencias; una parte importante de la oposición mejor organizada se ha negado a manifestar; y las tensiones internas han reducido el activismo internacional del país, es decir, no se puede contar con Venezuela, pero tampoco es una amenaza. El relativo silencio de la prensa mundial también responde a la ausencia de poderosos medios nacionales independientes.

Algunas veces conviene detenerse y poner las cosas en perspectiva.